Benvinguts al nostre espai. O millor dit, al vostre espai, perquè aquest és un espai per vosaltres, per tots els amants de la literatura.

Què us trobareu aquí? Què és, amb tot el que la xarxa ofereix a tots els nivells per tothom, el que nosaltres podem aportar de nou a dins un món tan vast com aquest, el món literari? Doncs una cosa molt senzilla: Que tots nosaltres, els autors d’aquesta web, som de casa. Parlarem de moltes coses; dels best-sellers que us agraden, dels gèneres que més us interessen, de les novetats literàries, dels grans clàssics... Posarem al vostre abast totes les nostres aportacions: articles de diferents temes, contes, novel·les i narracions, còmics i il·lustracions, perquè conegueu la nostra obra i, fins i tot, ens feu arribar la vostra perquè puguem compartir-la i conèixer-la.

Com farem tot això? Doncs mitjançant els vostres comentaris. Així podrem saber quins temes us interessen més, per orientar les nostres publicacions setmanals als vostres gustos, per parlar dels temes que realment us resultin interessants. I amb les vostres critiques als nostres escrits ens ajudareu a créixer com escriptors.

El nostre desig és, per sobre de tot, fomentar el vostre interès per la literatura, ja que només la lectura ens transporta de manera duradora a altres espais, a altres universos; la lectura, com cap altra cosa, ens ensenya l’empatia i ens culturitza, ens fa enamorar-nos, plorar, riure i viure a dins del cap d’altres persones com res més ho aconsegueix.

Per tot això, us convidem a tots vosaltres a prendre amb nosaltres un cafè a la plaça.

Us esperem.

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domingo, 11 de mayo de 2014

Rosa

   La chica entró corriendo en su habitación, tiró la mochila al suelo y se tiró en la cama. Suspiró y sonrió. Solo de pensar en él se animaba de golpe. Aquel jovencillo de su edad que le había robado el corazón. Esbozó una sonrisa de felicidad. 
"Ahora ya vas al instituto, ya no es como cuando hace nada estabas en PrimariaA partir de ahora tendrás que empezar a estudiar mucho para aprobar... Deberás centrarte en tus estudiosEl instituto no es un juego de niños, tienes que tomártelo en serio o no te traerá nada bueno", solían decirle sus padres. ¿Que no le traería nada bueno el instituto? Acababa de entrar y ya le había pasado lo mejor que le había pasado nunca: se había enamorado. ¿Acaso eso era malo? Que va, más bien al contrario.
Ahora todo le parecía hermoso; las paredes de su habitación, rosas con flores estampadas, la hermosa vista de la ciudad que tenía desde su ventana, sus cortinas, tan rosas y finas; incluso su mochila escolar rosa parecía ahora brillar con luz propia.

   Su móvil sonó. Lo cogió y lo miró. Su corazón empezó a palpitar con fuerza, de modo que hasta ella misma pudo escucharlo y un torbellino de emociones se arremolinaba en su ser; era un mensaje de él. Su cara se iluminó, su respiración se alteró deliciosamente mientras leía el mensaje, y mientras lo respondía. Él solo la había saludado; sin embargo ese simple acto la había convertido, en segundos y durante segundos, en la persona más feliz del mundo. 

   Cerró los ojos y pensó en él, volvió a suspirar. Podría fundirse ahora mismo, de hecho estaba teniendo la sensación de que efectivamente se estaba fundiendo de amor.
   Pensaba en él; en su cabello rubio y sedoso, en sus brillantes ojos azules, grandes y vidriosos, en su semblante, en su piel blanca, tersa y suave, en sus labios tan colorados, gruesos... En seguida el rubor tiñó sus mejillas. Se sentía volar por el cielo azul, ligera como una pluma. De hecho, de no ser porque abrió los ojos y se vio recostada en su cama, ya creía que estaba volando de verdad, se sentía ligera y grácil como una bailarina. Si, eso se sentía; una bailarina. Se puso en pie de un salto y empezó a girar, a dar vueltas por su cuarto, con los brazos estirados, tarareando una canción de amor, viendo todo su mundo en color rosa, viéndole a él. Sentía como si electricidad se hubiese apoderado de ella; se sentía viva.


Judit Perich

sábado, 3 de mayo de 2014

Rojo pasión

La fuerte sensación llegó a la cumbre.
Aquello era verdaderamente indescriptible.
Pasó un largo rato, pero al fin
su cuerpo fue totalmente invadido
y alienado.

La sensación más poderosa y embriagadora que jamás había tenido;
un poderío rojo emanó de la nada y la envolvió
con sus alas de plumas flamígeras.
Una bandada de mariposas llameantes
con su vuelo irregular la cubrieron
secándola, quemándola, extasiándola
recorriendo su cuerpo por dentro y por fuera
y estallando en llamas en su mente, en su ser.

Su sangre era magma fundido.
Sus mejillas, dos amapolas ardientes.
Sus cabellos, cortinas de fuego y llamas.
Su corazón, una bomba a punto de estallar
en un mar de profunda pasión,
una pasión ardiente como el rojo de sus paredes.

El sentimiento rojo,
la emoción roja,
la pasión roja.
Un incendio en su alma.
Aquella sensación indescriptible
que la invadía por completo como un mar de fuego rojo;
era como si el mismísimo Sol le hubiese inundado el cuerpo.

Se sentía morir, y a la vez,
se sentía más viva que nunca.
Aquel frenesí parecía no tener límites.
Su vista se nubló, se emborronó,
y sus oídos silbaban.
En aquel momento solo podía percibir
el rojo de la pasión ardiente.



Judit Perich

Verde

     De nuevo, se encontraba al pie de aquel manzano. Cada vez que venía aquí, veía más cerca sus frutos; aquellas tiernas y suculentas manzanas rojas, que hacían la boca agua a cualquiera que las mirara, aunque sólo fuera de lejos. Brillantes como rubíes en medio de ese mar de hojas tan verdes y relucientes. Mirando las manzanas que estaban en las ramas más bajas, estiró su brazo hacia arriba. De nuevo, no llegaba, sin embargo esta vez era por muy poco. Con un impulso, repleta de esperanza, empezó a estirar sus delicados pies apoyándolos en sus puntas. Cada vez veía los frutos más y más cerca. Hasta que quedó completamente de puntillas, y por primera vez pudo alcanzar una manzana con su mano. La radiante sonrisa que se le dibujó en ese momento le iluminó la cara: lo había conseguido, lo había conseguido por fin. Volviendo a su posición inicial, tomó la manzana en su mano como un trofeo por el que llevaba años luchando.

     Se sentó al pie del árbol, con cuidado de no manchar su vestido, y le pegó un mordisco a la fruta, degustando su sabor al máximo, sonriendo de pura felicidad. Después de años viniendo cada pricipio de otoño, al fin era capaz de alcanzar uno de esos deliciosos frutos. Eso era un gran triunfo para ella, pero sobretodo le había hecho darse cuenta de algo: estaba creciendo, se estaba haciendo mayor. Todos los años que venía trataba de cojer alguna manzana, pero nunca era capaz pues su altura nunca se lo había permitido, a pesar de que ese era un manzano realmente pequeño. Sin embargo ahora la cosa había sido muy distinta. Ya no era una niña, eso lo sabía, ya no era la pequeña con trenzas que se ponía a llorar cuando resbalaba y caía al suelo embarrado; ahora era una joven y pronto se convertiría en una mujer adulta. Este año había alcanzado una manzana, y el siguiente ya no necesitaría ponerse de puntillas para lograrlo. Mientras comía, contempló el extenso prado -hierba verde que inundaba el paisaje como un mar de esmeralda- y pensó en el futuro, en su futuro. El día de mañana dejaría definitivamente de ser una niña, se tornaría una mujer, dejando atrás su infancia, hasta que abandonando su verde primavera, llegaría al invierno de su vida y sus dorados cabellos se cubrirían de blanca escarcha. Miró el horizonte, tan verde, tan infinito... tenía toda la vida por delante y la viviría al máximo, tenía unas inmensas ganas de crecer, de madurar como aquellas manzanas, de ser una mujer bella y adulta. Y tenía un destello de esperanza inconmesurable. Y sabía que cada vez llegaría más arriba del manzano hasta alcanzar la copa de este y poder degustar las manzanas más sabrosas y a la vez más prohibidas. 


Judit Perich

domingo, 20 de abril de 2014

Negro

La lluvia caía pesadamente sobre ella, empapando sus larguísimos cabellos azabache, resbalando por su pálida cara, mezclándose con sus lágrimas y cayendo por su vestido, negro como aquella noche; se pegaba a su cuerpo marcándole la silueta hasta sus tobillos. El negruzco maquillaje que adornaba sus párpados resbalaba con la lluvia por sus mejillas, embadurnándolas como lágrimas oscuras. De pie en mitad de la nada, con la cabeza agachada para tratar de ocultar su llanto de nadie, cantó con la voz rota, pero con sentimiento de culpa, de tristeza. Su canción reflejaba sus sentimientos, sus emociones. Si la persona amada la había abandonado había sido sólo por su culpa, por su temeridad, por su imprudencia. En un instante todo había acabado y ahora estaba sola, y lo estaría para siempre, pues ese era su destino; permanecer sola y apartada del mundo en aquel páramo perdido, en medio de la oscuridad, de ningún sitio. Y el negro de sus cabellos, de su vestido, de sus lágrimas, de su semblante, de su soledad, de su tristeza, sería su único acompañante; el negro, por siempre, para siempre, suyo y nada más.



Judit Perich