Benvinguts al nostre espai. O millor dit, al vostre espai, perquè aquest és un espai per vosaltres, per tots els amants de la literatura.

Què us trobareu aquí? Què és, amb tot el que la xarxa ofereix a tots els nivells per tothom, el que nosaltres podem aportar de nou a dins un món tan vast com aquest, el món literari? Doncs una cosa molt senzilla: Que tots nosaltres, els autors d’aquesta web, som de casa. Parlarem de moltes coses; dels best-sellers que us agraden, dels gèneres que més us interessen, de les novetats literàries, dels grans clàssics... Posarem al vostre abast totes les nostres aportacions: articles de diferents temes, contes, novel·les i narracions, còmics i il·lustracions, perquè conegueu la nostra obra i, fins i tot, ens feu arribar la vostra perquè puguem compartir-la i conèixer-la.

Com farem tot això? Doncs mitjançant els vostres comentaris. Així podrem saber quins temes us interessen més, per orientar les nostres publicacions setmanals als vostres gustos, per parlar dels temes que realment us resultin interessants. I amb les vostres critiques als nostres escrits ens ajudareu a créixer com escriptors.

El nostre desig és, per sobre de tot, fomentar el vostre interès per la literatura, ja que només la lectura ens transporta de manera duradora a altres espais, a altres universos; la lectura, com cap altra cosa, ens ensenya l’empatia i ens culturitza, ens fa enamorar-nos, plorar, riure i viure a dins del cap d’altres persones com res més ho aconsegueix.

Per tot això, us convidem a tots vosaltres a prendre amb nosaltres un cafè a la plaça.

Us esperem.

Mostrando entradas con la etiqueta conte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conte. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de agosto de 2016

Vainilla


Odiaba el café tibio, lo políticamente correcto, las frases dichas por cortesía, los saludos a medio dar con un leve gesto de cabeza y tal vez también un leve gesto con los párpados, odiaba también los caminos de en medio, tal vez lo que no podía soportar era la indefinición de si tirar hacia el barranco o hacia la cumbre, no podía soportar un camino plácido acompañado de la calma y el gozo que dan las flores que sonríen al costado del camino , no soportaba ninguna vía que no supusiese llegar hasta el final o morir en el intento, pero sobre todo odiaba la vainilla. La vainilla le resultaba repulsiva, no por su sabor, que a todos gusta, niños y niñas, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, doctos e iletrados, marujas y marquesas, embarazadas y vírgenes, policías y ladrones, jueces y condenados, verdugos y justiciables, ministros y sus pedicuros los porqueros, en fin, que la vainilla le gusta a todo el mundo..., menos a los que, como él no soportaban su indefinición,...la de la vainilla..., vivían con la perpetua ansia de quemar cada segundo como si fuese el último, ir de fiesta como si no existiera la resaca y quemar en un fin de semana normal más neuronas que calorías, que así le fue aquella vez que le hicieron unas pruebas para empezar a trabajar en una empresa de seguridad controlando un parking de de 23 a 7, acabaron seleccionando a otro candidato de un paladar más abierto a todo tipo de sabores, ya fuesen éstos coloridos y exóticos o con ese final de lengua como de rutina que solo poseen la vainilla y los tomates de invernadero comprados en Diciembre, en este último caso por esa capacidad que solo ellos poseen de permitir al degustador llevar su mente a rellenar con cualquier escrito el papel en blanco a que saben; en el caso de la vainilla nuestro protagonista notó como algo en su ser se estaba expresando aquel día que en un programa televisivo sobre "cultura" sexual tocaron el tema del sado masoquismo y ciertas formas de relación que más bien parecieran formas de odio, y como las personas que llevaban a cabo ese tipo de relaciones etiquetaban a las, digamos, no practicantes de sus usos, como "gente vainilla", y es que, decían, la vainilla le gusta a todo el mundo, pero a nadie le apasiona...
  
   El escritor poco dedicado,
   el músico poco practicado,
   el vividor superviviente,
   el tres veces arruinado,
   el sintiente, indolente acorazado,
   el arriesgado sin nada que perder
   por que ya regaló todo lo pesado,
   él, ya de niño era raro, corría poco,
   decían que a veces hablaba solo,
   no solía llorar y casi nunca reía,
   él, que vio seres en las miradas
   y en ellas miedos atávicos y prejuicio,
   no era solitario,
   es que se encontraba mejor estando consigo,
   creando mundos privados,
   ya recuerdo, ya recuerdo, fué aquel helado,
   Cal Mallafré, debía ser domingo,tenía cinco años,
   un cucurucho de una bola entre las manos
   y pequeños trozos de hielo enredados
   entre los chorretes de vainilla, como lágrimas,

   pidiendo por no ser devorados. 


Beni Asensio

jueves, 7 de abril de 2016

La historia del Hombre Corriente y la Capa de Invisibilidad

No era como un vulgar trapo arrojado al suelo de cualquier modo, aunque tuviera justo ese aspecto; en absoluto. Desde que el Hombre Corriente lo había visto, no había podido apartar la mirada de él ni pensar en otra cosa. Digamos que, por ser un hombre como todos, como tantos, el Hombre Corriente dirigía su atención hacia cualquier cosa que saliera de lo que él considerase normal, o digamos acostumbrado. Y aquello no lo era, no, en absoluto. A pesar de todo, él no era un hombre demasiado curioso, ni mucho ni poco; lo corriente. Así que, sin saber exactamente si aquello le apetecía o no, el Hombre Corriente se acercó al amasijo de tela que formaba una pequeña montaña en un lado de la acera. Y, al acercarse, constató que aquél tejido no tenía nada de lo que podría llamarse común. De algún modo, era como si estuviese ahí y, a la vez, no estuviese. "Como el gato de Schrödinger", pensó. "Vivo y muerto a la vez". Pero, como era un hombre muy corriente, no quiso pasar más rato pensando en los misterios de la física cuántica. De hecho, se preguntaba por qué no regresaba a casa, se tomaba un refresco mirando una serie televisiva y olvidaba el día de trabajo, como hacía todos los días. Pero, caramba, aquél harapo no le dejaba moverse, ni avanzar ni retroceder. Y, finalmente, el Hombre Corriente se decidió. Se agachó al lado del extraño hallazgo y lo tocó. Y en ese momento, sus ojos se abrieron con desmesura, igual que su boca, y detuvo su respiración. Al quedar parcialmente bajo el manto, la mano del Hombre Corriente había desaparecido. Atónito, sin poder pensar, sacó la mano de debajo de la tela tan solo para comprobar si seguía ahí. Aliviado, constató que, efectivamente, su mano seguía en el extremo de su brazo, mientras una realidad nueva, diferente y excitante se abría ante él: había dado con una capa de invisibilidad. El Hombre Corriente no solía fascinarse, pero Dios sabía que ahora lo estaba. Un cúmulo de imágenes acudieron a su mente: entrar al despacho de su jefe y hacerle un corte de mangas sin que este pudiese verlo; entrar en casa de la vecina antes de que ella cerrase la puerta y poder observar cómo se cambiaba de ropa con total impunidad; colarse en el cine sin pagar el ticket... Como era un hombre tan, tan corriente, sus ideas no iban más allá de aquellos inocentes y absurdos objetivos. De manera que tomó la capa del suelo y se cubrió con ella. Con la respiración entrecortada, se acercó a la óptica de la esquina para observar en el espejo su imagen: nada. Veía reflejadas a las personas que pasaban junto a él, al perro que se detuvo a orinar al pie de un árbol. Pero ni rastro de sí mismo. Y así, el Hombre Corriente empezó a caminar no ya en dirección a su casa, si no por cualquier calle de cualquier barrio. Ahora ningún vecino le vería llegar o no a su pequeño apartamento, nadie se preguntaría qué hacía ahí, tan lejos de su calle y de todo lo que conocía. Ahora no necesitaba mostrar la cara de siempre a las personas de siempre. Ahora, el Hombre Corriente era invisible. De manera que era inmune, impune. Nadie le juzgaría, nadie lo cuestionaría. Podía hacer lo que quisiera, fuera lo que fuera. No dependía de la aprobación o la crítica de otros. Era invisible. Era libre.
      Caminó por cientos de calles, cruzó los semáforos cuando no venían coches, y no cuando estaban en verde. Entró y salió de las tiendas, observó de cerca los ojos de las chicas guapas, acarició con cuidado su pelo, sin que llegasen a percibir el suave contacto. Cruzó una calle poco transitada caminando con las manos, giró y giró sobre sí mismo en una plaza para sentir el placer de marearse y dejarse caer después al suelo, mientras la cabeza daba vueltas y más vueltas. Acarició perros que, aunque sin verle, le miraban justo a los ojos. Sonrió a los niños y a las ancianas, corrió en algunas ocasiones, ralentizó su paso en otras. Y, finalmente, regresó a casa exhausto, cansado, rendido. Feliz como un niño. Se paró ante el espejo y no pudo ver su reflejo en él, y entonces permitió que la capa se deslizara hasta el suelo, a sus pies. Y no reconoció al hombre que vio ante sí. Aquél no era el Hombre Corriente, si no el Hombre Feliz, el Hombre Especial. El Hombre que Sonríe. Con cuidado, tomó la capa del suelo, la puso sobre el respaldo de la silla y se tumbó en su pequeña cama, sin dejar de mirarla, sin dejar de pensar dónde iría mañana.

Gemma Minguillón

martes, 29 de marzo de 2016

La desgarradora historia de amor del pequeño ángel

Se había caído una vez más (¡qué torpe!) y sólo podía sentir el olor del musgo que taponaba su nariz. Se quedó así unos segundos, hasta llegar a darse cuenta de que no podía respirar y, seguramente, iba a morir ahogado si no lo hacía pronto. De manera que levantó la cara del suelo y sopló fuerte, hasta conseguir que sus pulmones volvieran a llenarse de oxígeno. Olvidando al instante el incidente, se sentó y miró a su alrededor: un bosque espeso y umbrío le rodeaba, aunque él recordaba que el sol lucía alto en el cielo hacía pocos minutos; las sombras, la oscuridad, eran tan solo fruto del espeso follaje que se cernía sobre él. Miró en todas direcciones. No sentía miedo; no era la primera vez que se veía en una situación de aprieto. Puede que fuera un pillo, un pequeño lío con alas, pero jamás fue un cobarde, de manera que se puso de pie y comenzó a caminar despacio por lo único parecido a un sendero que encontró. Sus sentidos le engañaban a veces, pero sabía bien que podía confiar a ciegas en su oído. De modo que lo aguzó, para  conocer mejor el lugar que le rodeaba. Y así, a su izquierda, en lo alto de un gran pino, pudo escuchar el roer de los pequeños dientes de una ardilla que se afanaba sobre una piña; a su derecha, un pájaro carpintero picaba con insistencia la dura corteza de un roble para hacer de él su hogar. Sonrió; nada de todo aquello le era ajeno. Nada, salvo el cántico suave que, de pronto, comenzó a escuchar ante sí. Siguió el sendero sin hacer el menor ruido con sus pequeños pies livianos y la vio. Una mujer brillante, dorada, colorida, con su larga y hermosa cabellera mojada, sumergida hasta las rodillas en un remanso del río, llenaba de agua las palmas de sus manos y la vertía después sobre su piel, una y otra vez, como en un ritual sagrado. Su voz, apenas perceptible para otros que tan sólo pueden oír las cosas menos esenciales, llegaba como un hilo de agua y oro hasta los oídos del pequeño ángel. La voz, el agua, los cabellos. La piel brillante, suave. Los rayos de sol que se filtraban entre la maleza del bosque para ir a dar, todos juntos, sobre la inenarrable figura de la diosa. Y el ángel no supo qué hacer con todo aquello, de manera que no hizo nada. Se sentó sobre una roca, sin saber si ella le veía o no, y la miró, y la escuchó. Todos sus sentidos se llenaron de ella, de su canto, de su risa, de su presencia. Y no importaba, pensó, si la diosa le veía ahí pasmado, si se asustaba o se burlaba de él. Lo importante, lo capital, era que no desapareciera. Que su luz le siguiera bañando, que su melodía siguiera cantando en sus oídos, que su presencia no se desvaneciera. De modo que se quedó ahí, sin hacer ruido, sin apenas respirar, sabiendo que, si lo hacía, se rompería el ensalmo y el bosque volvería a ser un bosque oscuro, aterrador, con los mismos árboles y los mismos seres que siempre lo habían habitado. Siguió, pues, aguantando la respiración, mirándola sin apenas pestañear, tratando de ser invisible a sus ojos.Y así la tuvo tanto como pudo tenerla.


Gemma Minguillón

sábado, 11 de abril de 2015

La caja

Esta es la historia de una caja de acero y el increíble tesoro que guardaba en su interior.

En la calle había una caja. Era una caja corriente; de acero inoxidable, tamaño más o menos grande, grisácea y apagada, y dura y resistente como el material del cual estaba hecha. Sin embargo, pese a su aspecto simple y aburrido, todo el mundo que pasaba paraban a mirarla. ¿Porque? Simplemente porque estaba ahí. Esa caja era realmente un misterio. Muchos habían intentado abrirla, pero nunca lo conseguían, la caja parecía ser verdaderamente indestructible. Eso atraía la atención de cada vez más personas, que por un lado no les gustaba que ese molesto objeto estuviera en medio de la calle dificultando el paso de las personas, pero por otro sentían una insaciable curiosidad por saber qué contenía.

Desde luego nadie podía imaginarse que dentro de esa caja vivía un ser tan hermoso como maleable. Una niña blanca como la nieve, sin un ápice de maldad en su corazón, crecía allí dentro, ajena al mundo exterior. La pequeña se encontraba siempre muy asustada. Desde dentro de la caja podía escuchar los estridentes sonidos de fuera, personas que la acechaban a cada momento y que cada día sin falta golpeaban brutalmente su escudo de acero para arrancarla de su interior. La pobre niña a veces lloraba en silencio. "¡Parad, por favor, no deis más golpes a mi caja, la aboyáis y me lastimáis a mí también!" Sus súplicas no podían ser escuchadas desde el exterior, y lo único que podía hacer ella era acurrucarse y llorar con algo de desesperación mientras sentía como su refugio iba perdiendo cada vez más su forma, pero no su resistencia, aguantando a pesar de todo a los duros golpes que se le propinaban a cada rato y que algunos alcanzaban al pobre ángel indefenso de su interior, llegando a lastimarle de veras. 
Ella lo tenía muy claro; mientras su coraza aguantara jamás saldría de ella para encontrarse cara a cara con esos bárbaros que solo conocían la violencia y las malas maneras para resolver sus problemas. Si aquella sociedad podrida llegaba a dañarla estando dentro de su caja, no se quería ni imaginar lo que podrían llegar a hacerle estando fuera de ella.

Hasta que un día todo cambió. En un instante. Un joven extranjero descubrió casualmente la caja, y como todos, sintió curiosidad y trató de abrirla. Pero a diferencia de las personas que antes lo habían intentado, él lo hizo de un modo completamente distinto. En su país, totalmente diferente al de aquella gente, había aprendido a respetar todas las cosas, animadas o inanimadas, y a tratarlas con el máximo cuidado posible, pues a diferencia de la gente local él sabía apreciar el valor de las cosas, fueran las que fueran.
Tras estar un rato examinando la caja, descubrió un pequeño candado en un costado, y con una gran destreza fue capaz de abrirlo. Empezó a levantar la tapa. Desde dentro, la niña se percató de que alguien estaba abriendo su preciado refugio, y se atemorizó. "¡No puede ser! ¡Lo han conseguido, van a descubrirme!". Empezaron a fluir lágrimas de los ojos de la pequeña. Tenía mucho miedo de lo que podría pasarle ahora. Pero cual fue su sorpresa cuando se dio cuenta de que el que había abierto la caja era un joven increíblemente amable, muy diferente a todos los que hasta ahora habían intentado abrirla. Y cual fue la sorpresa de dicho joven cuando descubrió el sorprendente tesoro que se hallaba en el interior de aquella caja de acero. Las lágrimas desaparecieron del blanquísimo rostro de la niña al ver la sonrisa tan cálida y acogedora que aquel chico le dirigió, la cual hablaba por si sola; "No tengas miedo. No te voy a hacer ningún daño." Le murmuró aquel tierno gesto. La chica se lo devolvió, esbozando por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa tan hermosa como si procediera del mismo cielo. 
El joven tomó a la niña entre sus brazos y la sacó al exterior, para que todos pudieran contemplar aquella belleza, aquella obra de arte que durante tanto tiempo había permanecido escondida en aquella molesta caja que realmente por sí sola no tenía nada de particular.
La pequeña jamás hubiese imaginado encontrar, en el exterior, un mundo tan fantástico y resplandeciente, repleto de luz, y mucho menos ver que las personas que antes le tiraban piedras a su arca para que se abriera, ahora la admiraban estupefactos y empezaron, ellos también, a dedicarle tiernas y cálidas sonrisas.

Y así el secreto de la caja quedó por fin al descubierto. Y al cabo de unos días la vieja caja desapareció.

Judit Perich

martes, 17 de junio de 2014

Disseción de un cuento (4): La bella durmiente




LA BELLA DURMIENTE:

La bella durmiente es otro relato que no escapa del paso del tiempo y las diversas manipulaciones para ser adaptada a cada época, marco social , moral.......

Es curioso destacar la inmensa cantidad de cuentos que comulgan en un mismo origen, o como poco nos remiten a las mismas bases u orígenes. Esta aparentemente romántica historia es recopilada sobre el 1636, por nuestro ya conocido Giambattista Basile en su colección titulada “Pentamerone”.

También podemos encontrar una versión de Charles Perrault publicada en 1697.

Variantes de este cuento se encuentran incluso en Egipto.

Empezaremos con la versión Napolitana, para observar el recorrido de cambios que ha sufrido esta historia.



"Unos sabios advierten a un gran rey que su hija recién nacida, Talía, corre el peligro de pincharse con una astilla envenenada oculta entre lino. Aunque el rey prohíbe que entre una sola fibra de lino al palacio, Talía, siendo una adolescente, encuentra una rueca para hilar lino, inmediatamente se pincha con una astilla debajo de una uña, y cae muerta."


(En la edad media, y mucho más acá, la mujer estaba íntimamente relacionada con la confección y mantenimiento de las ropas, por lo que siempre había una aguja a mano para ellas. el rey sabe que su hija, como mujer, está obligada a las tareas textiles, pero jamás se le ocurre que las abandone, hecho que la dejaría a salvo de la maldición.)

 

"Agobiado por la pena, el rey deposita el cadáver de su hija sobre un paño de terciopelo, cierra las verjas de palacio y abandona para siempre su bosque".


Realmente es a partir de este punto donde la historia es con diferencia desconocida y cuyas voces tradicionales nos transportan a otros momentos de la historia más oscura e instintiva del hombre.



"Un noble que caza en el bosque descubre el palacio abandonado y el cuerpo inerte de la princesa. En vez de limitarse a darle un beso, la viola y se marcha. Nueve meses más tarde, la durmiente Talía da a luz a dos gemelos, un niño y una niña llamados Sol y Luna. Los pequeños son cuidados por las hadas. Un día, el niño chupa el dedo de su madre y extrae la astilla envenenada, con lo que Talía recupera el conocimiento".  
"La esposa del noble se entera de la existencia de los hijos bastardos de su marido, los hace prender y los entrega a su cocinero, con la orden de que degüelle a los dos pequeños y con sus carnes prepare un sabroso guisado. Y cuando su esposo casi ha terminado lo que hay en su plato, ella le anuncia malignamente: “¡Te estás comiendo lo que es tuyo!. Durante algún tiempo, el noble cree haberse comido a sus hijos pero resulta que el cocinero, hombre de buen corazón, puso a salvo a los pequeños gemelos y los sustituyó por carne de cabra. La enfurecida esposa ordena que Talía, también capturada, sea quemada viva en una hoguera, pero la Bella Durmiente es salvada en el último instante por el padre de sus hijos".

En la versión de Perrault conocemos a un rey y una reina que tienen serios problemas para tener descendencia, y tras muchas y variadas estrategias consiguen una concepción.
En el evento de presentación de la princesa se invita a 7 hadas, curiosamente 7 fueron los cabritillos, 7 los enanitos y 7 las hadas buenas de esta historia, mas una vieja hada que sintiéndose menospreciada condena a la joven a una muerte por pinchazo con un huso, que queda transformada en un sueño de 100 años por una de las hadas buenas.
A la princesa se el conceden unos dones, uno por cada hada:

  • el de ser la persona más bella del mundo
  • el de tener el alma de un ángel
  • el de mostrar una gracia admirable en todo lo que hiciera
  • el de bailar a las mil maravillas
  • el de cantar como un ruiseñor
  • el de tocar con toda perfección cualquier clase de instrumento musical





En esta versión el rey prohíbe el uso de ruecas y todo tipo de aparato o artilugio que funcionara con agujas, pero no evita que la princesa a los quince años hallara una anciana que seria la desafortunada que precipitase el maleficio de la anciana hada resentida.


Sigue el relato cambiante, con el letargo de todos en palacio a excepción del rey y la reina, y todo el lugar es invadido por una espesa capa de bosque, aislado del mundo por 100 años.

El hijo de un rey localiza el lugar por rumores y habladurías, se sumerge en el espeso bosque y al llegar a los aposentos de la princesa esta se despierta junto con toda la corte, Perrault hace aquí referencia a los ropajes pasados de moda de la princesa.

Es curioso lo que Perrault cuenta a continuación, porque ambos enamorados, se casan en secreto y permanecen por varios meses escondiendo a su descendencia: Aurora y Dia.

Al fallecimiento del Rey padre, el príncipe hereda su cargo y al mismo tiempo desvela el secreto.

La Reina madre es descendiente de una familia de Ogros, (quiero pensar que es un reflejo de la maldad en las personas) a la que le gustan los niños y la carne fresca.
A  partir de aquí se recupera esa parte donde la antropofagia esta presente como en tantos cuentos como en el de caperucita, recordemos que el lobo le da a comer a caperucita pedazos de su abuela sin ella saberlo, en este relato la maldad revelada por la Ogresa no tiene límite, pero como en Blancanieves, un cocinero que no cazador decide desobedecer y salvar a la familia real de tan horrendo destino.
Para acabar todos son salvados por el joven Rey, y la Ogresa presa de su propia maldad es destruida.
Vemos pues algunas diferencias en cuanto a los personajes y sus papeles en esta historia, pero con los  Hermanos Grimm  el relato toma un par  de giros más, ya no son 7 las hadas sino 12 más 1 que es la malvada y todo acaba felizmente porque la figura de la suegra (Ogresa) desaparece de escena igual que su marido, dejan con vida a los Reyes padres de la princesa durmiente y todo acaba en una feliz boda con comilona incluida.
Este caso de mutilación del cuento original es el más agresivo , ya que perdemos muchas información del origen y de su influencia en el inconsciente del ser humano.
Digamos entonces que de esta última variación bebe la factoría Disney para su bella durmiente.



Estas anécdotas han sobrevivido por el hecho de que poseen un fuerte arraigo mitológico, viajemos y volemos hacia el pasado remoto de Europa Occidental,cuando los Señores del Valhalla aún eran temidos y adorados por las tribus indoeuropeas; allí encontraremos la razón de que un cuento sobreviva en nuestra era iluminando una esencia escondida; el mito de Perséfone, la leyenda de Brunilda despertada por el beso de Sigfrido, testimonian la existencia de un fondo común simbólico muy antiguo que es desarrollado en Francia por Perrault a partir de la tradición oral. La Bella Durmiente, dormida durante cien años por el hada mala y despertada por el beso del príncipe encantado, también podría ser la metáfora del entumecimiento invernal de la naturaleza y de la llegada de la primavera; los nombres de los niños, Aurore y Jour, apoyan esta idea de la ilustración poética del mito solar.

Otra forma de snetir la historia pudiera ser algo más Jungiana, encontrándose similitud entre el sueño de la princesa y el sueño de la vida en la que el Ego nos sumerge hasta que despertamos gracias al amor, incluso la numerología podría apuntar alguna reseña,  pero este tema daría mucho para hablar y quizás sea carnaza para otro post, un saludo durmientes.

Olga Caballero



lunes, 2 de junio de 2014

Cuentos increibles: El libro

     -No sabría decirte-, le dije una vez más y otra, caminando bajo la lluvia, buscando el cobijo de los balcones estrechos y poco acogedores del callejón que conducía a mi cubil. -La cuestión es que no debería, lo sé, pero no puedo dejar de hacerlo.
     -Lo que no entiendo- me contestó -es tu reticencia, Martina. No sé por qué deseas dejarlo. ¿Acaso te hace algún daño hablar conmigo?
     -No-, dije, bajando la voz, pensativa y expectante. -No lo creo, Alarico. 
     -Exacto. No tienes obligaciones, nadie te espera en casa. No debes nada a nadie y, aun así, no te parece bien que hablemos a diario. Me gustaría saber por qué.
     -A mí también-, le contesté, mientras sacaba la llave de mi deslucido bolso y la introducía en la herrumbrosa cerradura de la puerta desencajada del portal. "Para una puerta como esta", pensé una vez más, "no sé si vale la pena tener que llevar llave". -Escucha-, le dije de nuevo -eres todo lo que tengo y lo sabes. Si hablo contigo es porque me sacas de la amargura diaria, de todas las sombras que me rodean. Eres cuanto me importa.
     -Lo sé. Pero esto es todo. No puede ser más de lo que es. Supongo que por eso te sientes mal.
     -¡Si! Me siento mal por eso y porque no me das la menor oportunidad-, le dije mientras entraba en casa y arrojaba el viejo bolso al suelo. Miré al fondo del pasillo; de nuevo, el sillón desgastado y hundido me esperaba al fondo, en la pequeña sala. Me decía "ven; pasa de nuevo la noche aquí sentada, mirando la televisión sin verla, con la mente en otro lado". Me dirigí hacia el final del corredor mientras su voz me seguía hablando a través del teléfono móvil. 
     -¿Oportunidad? Vamos, Martina, deja de soñar. Soy tuyo, absoluta y completamente tuyo. Pero esto es cuanto puedo ofrecerte. Siempre ha sido así y siempre lo será.
     - Pero ¿por qué? No lo entiendo, cada vez lo entiendo menos.
     -¿Te acuerdas del libro?- Mi corazón empezó a palpitar más y más deprisa.
     -¿Qué libro? ¿De qué me hablas?- Tac, tac, rápido, rápido.
     -El libro, Martina. Sabes muy bien cuál.
     -¡No digas estupideces! ¡No hay ningún libro!
     -Martina...- su voz se suavizó, se volvió de terciopelo. Tan suave, tan dulce. -Yo puedo hablar contigo siempre que quieras, pero no deberías olvidar el libro...
     -Si vuelves a nombrarlo voy a colgar. 
     -No, no lo harás.
     -¿Cómo puedes estar tan seguro?
     -Porque si lo haces me perderás.
     Entré en el comedor con la respiración acelerada, sin atreverme a colgarle. Y ahí estaba el maldito libro, sobre la mesa. Grande, pesado. En el lomo, el nombre del autor: Martina López.
     -No colgaré, Alarico. Prométeme que tú tampoco...
     -Te lo prometo. Pero tú sabes que...
     Mi corazón volvió a su ritmo normal, mi respiración se ralentizó de nuevo.
     -...que yo no existo.
      Cogí el libro para devolverlo a su estantería y mis ojos hicieron ver como que no veían el título: "Alarico".
     -Da igual; sigue hablándome...

                                               Gemma Minguillón

domingo, 25 de mayo de 2014

Disección de un cuento (3): Blancanieves

El cuento infantil que hoy nos ocupa es posiblemente el más real de todos ellos, aunque en un principio se pensó que su origen databa del siglo XVI, en la creación de  Giambattista Basile, y su  Pentamerón, El cuento de los cuentos,  algunas gracias a indagaciones  de historiadores de la zona  de  Kurmainz, en Lohr (Alemania), como el   Dr. Karlheinz Bartels,  conocemos de la existencia de una muchacha  Maria Sophia Margaretha Catharina von Erthal  hija de un diplomatico Philipp Christoph von Erthal, Condestable del territorio de Kurmainz, en Lohr (1719-1748)  que era un hombre que viajaba con mucha frecuencia  en misiones especiales relacionandose con personalidades de la realeza de parte de Europa. De ahí que, para  los habitantes de Lohr, los “von Erthals” tuvieran todas las características de una familia real.

     En el relato de Giambattista, una joven niña de siete años, Lisa, se pincha con un peine mágico y entra en un estado inconsciente. Su familia la da por muerta y la entierran en un ataúd de cristal, lugar en donde la joven siguió creciendo hasta adquirir el cuerpo y las facciones de una mujer adulta. Su historia carece de elementos como el espejo mágico, los siete enanos, la manzana envenenada, la reina malvada y el príncipe.  


     Vemos un relativo parecido con la historia de Maria Sophia y la historia de Blancanieves; Maria Sophia era una joven niña muy querida en Lohr por su caracter activo contra la pobreza y la indigencia, una alma caritativa que despertaba la ternura de sus habitantes por ser algo ciega debido a las secuelas de la varicela, hecho que contrastaba con la crueldad de su madrastra Claudia Elisabeth Maria von Venningen, condesa imperial de Reichenstein. ,segunda esposa de Philipp Christoph von Erthal,  el cual regaló a su segunda esposa un espejo que hoy en dia se encuentra en el museo de Spessart. Su manufactura es tan delicada que el marco del espejo posee propiedades acústicas notables, sobre el marco puede leerse una inscripción que parece reflejar perfectamente la vanidad de la "bruja": Amour Propre, literalmente, "amor propio".
      Se dice que si alguien habla cerca de él, por sus aberturas puede oirse un extraño eco que parece responder las preguntas que se le formulan. Estos hechos inusuales en la historia  fueron conocidos por los Hermanos Grimm, los cuales dieron cuenta del relato.
     La condesa tenía dos hijos de su matrimonio anterior, a los cuales beneficiaba durante las largas ausencias de Philipp por su trabajo de diplomatico.


     Esta historia real tiene todos los ingredientes de las tragedias  clásicas , elemento que atrajo enormemente a los Hermanos Grimm que en 1812 publicaron una de las primeras versiones.

     No obstante, existen otras opiniones respecto al relato original  y la base de la historia. Según el historiador alemán Eckhard Sander, Blancanieves era una joven condesa que se llamaba Margarethe Von Waldek que vivió en Alemania en la primera mitad del siglo XVI. Por entonces, el príncipe Felipe II viajaba por europa. Margarethe era una joven de una belleza extraordinaria que murió envenenada por intrigantes de la corte del imperio, que evitaron así que se casara con el rey Felipe II de España.




     Según Dickerhoff, en la primera edición del cuento, titulado “La pequeña Blancanieves” y publicado en 1812, la madre de la heroína desea tener una niña “blanca como la nieve”. Su deseo se vuelve realidad, pero cuando su hijita se convierte en rival de su belleza y el espejo mágico declara que Blancanieves es mil veces más hermosa que la reina, los celos la consumen y ordena una espantosa muerte para su propia hija. Para la sociedad europea de principios del siglo XIX la idea de una madre malvada y asesina no era aceptable, por lo que los hermanos Grimm, que nos trajeron hasta nuestros días este cuento, decidieron autocensurarse y reconvertir la figura de la mala de la historia. En la versión de 1857, la hermosa y bondadosa reina muere en el segundo párrafo después del nacimiento de Blancanieves y su padre se casa de nuevo, dando paso a la figura legendaria de la madrastra que todos conocemos.



     Pero en esta versión original no solo la madre mata a la hija, sino que lo hace de una manera digna de Hannibal Lecter. La reina no sólo ordena la muerte de Blancanieves, sino que exige además que, como prueba, le presenten el corazón de la víctima. En el cuento alemán, la reina, creyendo que el corazón que le presenta el cazador es el de Blancanieves (en realidad pertenece a un jabalí) lo sala y llega a comérselo. Y en el cuento original la reina es obligada, al final, a calzarse unos zapatos de hierro al rojo vivo: presa de un espantoso frenesí, baila hasta morir.


     Respecto a los enanitos de esta historia algunos historiadores encuentran un reflejo en los niños que en ese tiempo trabajaban en las minas, los cuales acusaban un evidente envejecimiento, y que la joven Maria Sophie tenia en bajo su protección.

     Parece ser que la historia que todos conocemos como Blancanieves tiene pues su base en un acontecimiento real destacable para la moral y la tradición de la época que los Hermanos Grimm y después Disney dulcificaron, haciendo que la raíz se pierda en lo profundo de la tierra de la que bebe.






Olga Caballero








sábado, 10 de mayo de 2014

Porkanana


Nada más nacer, lo primero que vi fue a mi madre. Tan solo tenía pelo encima de la cabeza, debajo de la nariz y en la barbilla. Su piel era pálida y berrugosa. Llevaba cristales delante de sus pequeños ojos oscuros, y era gigantesca, al contrario que sus orejas, que eran redondas y muy pequeñas.
-Oh! Qué guapo es!- , dijo ella con su grave voz de tenor.
Entonces me cogió con una pata grande y llena de dedos. Yo tuve mucho miedo, especialmente cuando me acercó a su morro enorme y rosa rodeado de pelos como escarpias, e hizo un sonido ensordecedor encima de mi cabeza, que se quedó húmeda. -Te llamaremos Porkanana, que será tu comida favorita- . Efectivamente, las porkananas, o zanahorias como las llamáis en el sur, me encantan.
Los primeros días de mi vida fueron los mejores. Conocí a una hembra que era igual que yo, solo que más grande y hembra. Ella me cuidaba y me trataba muy bien, hasta me alimentaba con una especie de líquido muy dulce y bueno que salía de sus senos.
Me lo pasé en grande jugando con los nuevos amiguitos que iba haciendo. Todos eran como yo y lo pasábamos muy bien juntos. Pero lo peor estaba por llegar.
Ocurrió a los pocos meses de haber nacido yo; empezaron a caer bolitas blancas, gélidas y minúsculas del cielo, que siempre era azul pero ahora estaba gris. Empezó a hacer más frío que de costumbre, y yo estornudé por primera vez. En pocas horas, todo el suelo quedó totalmente blanco y hermoso, pero también muy frío. Demasiado frío. Helado. Yo estaba hecho un ovillo, intentando entrar en calor, cuando se me ocurrió que podría acurrucarme en uno de mis compañeros. Así los dos entraríamos en calor. Empecé a buscar a alguno, cuando me di cuenta de que no había nadie. Estaba yo solo. Congelado. Ya creí que iba a morir. Fue entonces cuando noté que algo me cogía. Era mi madre! Había venido a por mí! Con su enorme manaza me cogió en brazos.
-¡Estabas aquí, Porkanana!- me dijo. Me envolvió con una cosa muy grande, fina y calentita. Ya no tenía frío. -En Finlandia hace mucho frío en invierno. ¡No deberías andar por aquí solo!-.
Me metió dentro de la casa donde se cobijaba y me desenvolvió. Entonces me dio una porkanana. Mi primera porkanana. Estaba tan buena como me había imaginado, tan anaranjada y brillante, crujiente...
Y esta es la historia de cómo sobreviví aquel día, y de cuando me comí mi primera porkanana.


Extraído de mi blog: Curruca.com


Judit Perich

martes, 6 de mayo de 2014

HISTORIA DE YEH SHEN ( La cenicienta china)

      Un hombre tenía dos esposas. Al morir la  primera esposa  es cuando aprovecha la segunda esposa para torturar a la hija de esta,  favoreciendo así a sus hijas. Llega el día en el que en la aldea se celebra el baile en que los jóvenes solteros eligen pareja. La madrastra, consciente de que Yeh Shen es mucho más bella que sus hijas, la encierra para que no vaya al baile. Ella tiene un pececito mágico; bueno, las raspas del pez, porque la madrastra, sabiendo que el único amigo de la niña era un pez de colores que habla, lo cocina y se lo come. La niña guarda las espinas, que también son mágicas y con ellas convoca a los espíritus para que la ayuden. La transportan al baile completamente transformada. La magia dura poco y ella pierde un zapato.



Todos admiran la belleza del zapato, que no mediría más de 10 cm, claro, y la noticia llega a oídos del emperador que quiere casarse con la dueña del zapato y comienza una búsqueda para encontrar a la mujer cuyo pie entre en el zapatito. Buscando, buscando, llegan a la casa de Yeh Shen. La madrastra corta los dedos de una de sus hijas y venda fuertemente el pie para que quepa, pero la mentira dura poco ya que, camino de palacio, el pie empieza a sangrar. Devuelven a la chica, y esta vez la madrastra corta el talón de su segunda hija. El resultado es el mismo. Al final Yeh Shen se pone el zapato que le queda como un guante, se casa con el emperador, y la madrastra y las hermanastras son condenadas a muerte, las tiran a un pozo y mueren apedreadas. Un final feliz...


Olga Caballero

Disecció d´un conte (2) : La ventafocs


ORIGEN I HISTORIA

      Són moltes les versions de la ventafocs arreu del món. És el més antic dels contes arquetípics; sectors d'estudiosos d´aquest tema aposten pel seu origen a l´orient,  a la Xina del segle XI a.C, amb més de 340 variants, però no es va escriure fins al segle VIII i X durant la dinastia Tang, quan comença la tradició dels peus de lot.


  
   El primer escrit es data l´any 850 d.C, a Europa. El responsable va ser l´escriptor Giambattista Basile a Nàpols (1634) amb el títol de “La Gatta Cenerentola”. Anys més tard Perrault recollí la historia i la transformà al 1697 en un conte per a infants, donant-li fama i lluentor.
      Però no hem d'oblidar que al llarg del temps la Ventafocs ha patit molts canvis i queda molt lluny de la història original,  molt allunyada de l'infantilisme, on no trobem ni carbasses, ni fades, ni ocells, ni cavalls, ni sabata de vidre. Aquest cas en concret, el de la sabata, es pot considerar una mostra de com les traduccions poden canviar una història, podem trobar dues paraules similars al francès: "vaire" (cuir) i "verre" (vidre o cristall).
      Però no ha sigut l´únic problema en respecte als canvis del conte; la seva adaptació a la pantomima del segle XVIII demandava un final feliç, ja que eren de moda. Més tard, els germans Grimm van reescriure un relat molt semblant a la versió de Perrault i per últim la factoria Disney, que adulterà per a tots els públics aquest relat.
      El cas és que, investigant una mica, trobem diferències notables i punts de connexió que ara esmentarem:

      Elements en comú:
  • La petita mida del peu.( Els peus petits han sigut sempre característica de bellesa en una dona)
  • El maltractament de la madrastra i les filles cap a la Ventafocs.
  • La festa on la Ventafocs perd la sabata.
  • L'home poderós que es casa amb la noia.
  • L´existència d´un padrí o protector.
  • La sabata elaborada amb materials preciosos.

      Elements discordants amb la versió original:
  • Perrault parla d´una sabata de vidre, els Grimm d´or; al conte xinés es de pell de visó o de seda brodada.
  • Apareixen ocells on abans hi havia un peix de colors màgic.
  • La carbassa i la fada son afegides posteriorment ( Perrault).
  • A la versió Alemanya, les germanastres son condemnades a mort , a la francesa s'els concedeix el perdó.
  • El fantasma de la mare és eliminat.
  • No apareixen ratolins, ni cotxers.
  • Tampoc es parla de l´acció de les germanastres de tallar-se els peus per poder calçar la sabata.


"Cuando recogemos cuentos de hadas, tal como son relatados por los antiguos, poseemos, ciertamente, los restos de un antiguo cuadro visto astralmente, pero ciertos detalles pueden haber sido alterados mientras tanto... En una verdadera explicación del cuento de hadas debe reconocerse siempre que debemos retroceder hasta el arquetipo, e identificarlo. Todo corresponde a tales acontecimientos astrales". "En los tiempos remotos de la antigüedad los hombres tenían experiencias astrales. Un hombre las contaba a otro, el otro las recogía a su vez y así era llevado el cuento de lugar en lugar"




L´estructura de la ventafocs, prove de més enllà de la nit dels temps i la seva historia ressona a centenars de relats arreu del món, parlant a l'ésser que hi ha a dins nostre.
Per que una historia traspassi les barreres del temps i arribi milers d´anys després a nosaltres ha d´amagar definitivament, quelcom de mític, llegendari, místic... que ens parla a tots nosaltres de la seva importància.


SIMBOLISME


      Malgrat la banalització del mite, trobem més enllà de tot el romanticisme que percevem. La Ventafocs simbolitza la bondat, la sinceritat i la generositat del que ho té tot perquè sense res arribem al món i res tindrem al marxar d'aquest món, al contrari que els altres personatges femenins, que representen l´egoïsme i l´orgull, la prepotència, etc, característiques d´un gran ego arrelat a la por de qualsevol tipus de carència, i que tenen conseqüències determinants.
La ventafocs és en part el resò dels deus antics, històries plenes d´arquetips ancestrals com Afrodita, deessa de l´amor, anomenada pels grecs la "cendra del mar".
El nostre tresor és al nostre interior, en els nostres talents; sempre hi trobarem qui ens digui que no es pot, que no paga la pena, però si un vol quelcom amb tot el cor l´univers conspirarà junt amb nosaltres i aconseguirem les fites que ens hagim proposat amb el cor, el cap i
 l´ànima.
 La nostra recerca és un camí de vida. Si fem cas a la nostra intuïció i el nostre interior sabrem distingir allò que és fals del que és auténtic i aconseguirem que a la nostra existència tot encaixi al seu moment.


Realment podríem dir moltes coses al respecte d´aquest conte i de la procedència del mateix; sembla que es perd més enllà dels nostres orígens amb una força vital que empeny cap endavant a estimar-se un mateix i a confiar en la nostra existència.





Olga Caballero

viernes, 25 de abril de 2014

Dissecció d´un conte

LA CAPUTXETA VERMELLA: ORIGENS

L'origen d'aquest conte de fades es remunta a l'època medieval, el primer escrit que es coneix pertany a Charles Perrault al 1697, abans d'aquesta data no es coneix més que una expansió oral de aquest conte folklòric i que té com a punt de referència una regió del Loria, a França.

Perrault incorporà:
*La caputxa: apareix abans del s. XII. L'aristocràcia l´utilitzava com a expressió de la seva classe (s.XVII). Poc corrent en les gents provincianes.
*El color vermell.
*Elements de caire eròtic.
*Va suprimir la part en la que el llop disfressat convida a la noia a menjar la carn de l'àvia.
*Els llops del conte original van ser reduïts a un sol llop.
*No hi ha resurrecció de cap personatge.



Hi han versions on caputxeta es fica a dins el llit amb l'àvia ( llop), iniciant el famós diàleg del relat que tots coneixem, que és on les diferències entre Perrault i els germans Grimm(1812) es fan més constatables, aquests últims es van recolzar en un escrit de LudwigTieck on apareix al llenyataire per primer cop, i on es salven tots menys el llop.

Molts són els folkloristes  que creuen en els seus orígens dins tradicions i símbols nòrdics d'iniciació, la transició al ventre d'un animal és molt típica, (recordem el relat bíblic de Jonàs i la balena) el procés és sempre una iniciació transcendental que porta l'individu a un nou coneixement, ja no serà mai més el mateix; la narració norsa on Thor i el lladre del seu martell mantenen una conversa idèntica a la conversa del llop amb caputxeta.
Sigui com sigui aquest mites o llegendes orals que en un moment de 
l'historia van ser escrits i traduïts, van patir modificacions, mutilacions i afegits, però en l'essència guarden un missatge, que segons la posició que prengui el lector pot aportar-l'hi un aprenentatge, una advertència sobre el món i la vida.







SIMBOLISME

Per parlar de simbolisme, hem de tenir en compte tots els canvis patits per el relat original i les intrusions del poder en el món de la literatura de cada època de l'historia.

Des de el meu punt de vista si desgranem el simbolisme inicial, és molt més fàcil entendre totes les interpretacions posteriors.
En un inici el personatge perseguit per els llops( caputxeta), és l'ànima, el jo superior, l'inconscient, que arriba innocent i pur, amb una ment com un llibre en blanc, on l'amor (mare) aconsella, alimenta i procura seguretat i que amb el temps deixa marxar per que faci el seu camí, prengui les seves decisions i afronti el seu destí.
Durant aquest temps, l'Ego (llops) amb la seva infinitud de cares, ens va distraient de l'objectiu real de la vida i ens porta per camins desconeguts que poden semblar florits i plens de bones intencions, només per poder prendre el control i devorar l'ànima.

En el moment que es van introduir elements medievals i posteriorment sota el domini de la contrareforma i les monarquies absolutes, el simbolisme adquireix un caire més frívol i sensual, on el ressorgiment de la feminitat i els perills que poden assetjar una jove per descobrir la seva sexualitat queden reflectits al personatge del llop.
El personatge del llenyataire fort i robust, que reflecteix l'home de la terra, cast i honrat, home de família, que és a la fi el que la dona més madura haurà d'escollir per ser respectable.
Aquesta interpretació no deixa de ser una reflexió, d'una transició més específica, centrat en un personatge de sexe femení, però no deixa de ser, l'historia d'un trànsit amb un final feliç.
Molts autors concreten que els contes i el mites van derivar dels rituals d'iniciació, donat que el mite és un mode de coneixement, d'aprendre la realitat, el nen necessita imatges simbòliques que li assegurin l'existència de solucions satisfactòries respecte de la seva existència.

De vegades penso que realment la vida és un conte, tots expliquen un trànsit i flueixen con l'aigua i la vida, són històries plenes d'informació amagada molt endins, que durant anys ha estat manipulada i distorsionada perquè actuaven just a les ments més tendres i expansives, inculcant idees i formes que conformen el món de les persones.






"Els somnis es troben íntimament relacionats amb gran quantitat de mites. La humanitat disposa d'un inconscient comú, guia de la Psiquis de cada individu, el centre d'aquest inconscient es constituït per l'arquetip o imatges arquetípiques."

Carl Gustav Jung


jueves, 24 de abril de 2014

La noche es nuestra


En lo alto del edificio, Félix hablaba en silencio con la noche.
Su pelo negro brillaba bajo la luz de la luna.
Saltó, alcanzando el tejado de enfrente.
Se agazapó en la esquina más oscura y esperó, inmóvil.
Observó cómo Fofó hacía su aparición.
Era grande, blanco y rechoncho.
Tenía la comida entre los dientes y apenas miró alrededor.
Demasiado confiado Fofó.
Ya le había advertido que éstos tejados eran suyos, pero el grandullón se había limitado a sonreir burlonamente, enseñando sus atrofiados dientes. Los mismos que ahora despedazaban la comida torpemente.
Demasiado ruidoso Fofó.
Félix se le acercó lentamente por detrás.
Un, dos, tres pasos. Al cuarto todo acabaría.
De repente el gordo giró la cabeza alarmado.
Miró hacia la esquina, hacia la oscuridad.
Y ésta le devolvió la mirada.
Llovieron maullidos en el tejado.
Demasiado lento Fofó.

De vuelta en casa, Félix observaba a Verónica. Dormía inquieta y se revolvía desnuda en la cama. Félix se posó en ésta de un salto y acarició las piernas de ella con su cuerpo. Recorrió su piel lentamente y se acurrucó entre sus pechos.
Ella sonrió y se calmó al momento.
Felix durmió a su vez, protegiendo el sueño de ambos.

Porque somos gatos y la noche es nuestra.