Benvinguts al nostre espai. O millor dit, al vostre espai, perquè aquest és un espai per vosaltres, per tots els amants de la literatura.

Què us trobareu aquí? Què és, amb tot el que la xarxa ofereix a tots els nivells per tothom, el que nosaltres podem aportar de nou a dins un món tan vast com aquest, el món literari? Doncs una cosa molt senzilla: Que tots nosaltres, els autors d’aquesta web, som de casa. Parlarem de moltes coses; dels best-sellers que us agraden, dels gèneres que més us interessen, de les novetats literàries, dels grans clàssics... Posarem al vostre abast totes les nostres aportacions: articles de diferents temes, contes, novel·les i narracions, còmics i il·lustracions, perquè conegueu la nostra obra i, fins i tot, ens feu arribar la vostra perquè puguem compartir-la i conèixer-la.

Com farem tot això? Doncs mitjançant els vostres comentaris. Així podrem saber quins temes us interessen més, per orientar les nostres publicacions setmanals als vostres gustos, per parlar dels temes que realment us resultin interessants. I amb les vostres critiques als nostres escrits ens ajudareu a créixer com escriptors.

El nostre desig és, per sobre de tot, fomentar el vostre interès per la literatura, ja que només la lectura ens transporta de manera duradora a altres espais, a altres universos; la lectura, com cap altra cosa, ens ensenya l’empatia i ens culturitza, ens fa enamorar-nos, plorar, riure i viure a dins del cap d’altres persones com res més ho aconsegueix.

Per tot això, us convidem a tots vosaltres a prendre amb nosaltres un cafè a la plaça.

Us esperem.

Mostrando entradas con la etiqueta castellà. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta castellà. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de abril de 2015

Judit Perich - La rosa azul


La primavera lucía en su máximo esplendor. Las nubes parecían esponjosas bolas de algodón blanco en mitad del suave cielo azul, que transmitía una deliciosa sensación de sedosidad. Los rayos del Sol, dorados y sutiles, acariciaban todo cuanto rozaban con una delicadeza exquisita. Se filtraban entre las hojas de los árboles, haciéndolas resplandecer de un hermoso tono verde esmeralda. Las flores rosadas y blanquecinas se asomaban tímidamente entre la hierba, su dulce fragancia se mezclaba con la fresca brisa que corría con gracia.
Sentada en la húmeda hierba, la joven granjera oía como sus animales mugían y relinchaban con gran felicidad desde la granja, celebrando el frescor del buen tiempo. Ella estaba feliz también; la naturaleza estaba despierta, los pájaros cantaban desde las copas de los árboles en flor... y su preciada rosa florecía en aquel entorno tan favorable para ella.

Aquella joya azulada, plantada en una maceta de cerámica repleta de tierra húmeda, cada día estaba más bonita. La chica la descubrió silvestre, pequeña y delicada en medio de unos arbustos repletos de espinos afilados como agujas, y apiadándose de la indefensa y bella flor que había tenido la mala suerte de germinar en esa trampa mortal, la recojió y la trasplantó para cuidarla en su hogar en medio de la naturaleza dócil y apacible. Sentada en el césped al lado del arroyo, tenía un libro a su lado y a la rosa en sus rodillas. El pato estaba frente a ella, con su blanco plumaje contemplando a su dueña mientras esta se arreglaba una de sus trenzas de color café y acto seguido acariaba con un dedo uno de los pétalos azules de aquella corola de ensueño que pronto se abriría, mostrando al mundo su auténtica belleza.
La aromática brisa revolvía cariñosamente las delicadas hojas dentadas de la flor y removía ligeramente el flequillo de la joven.
-Hoy es un buen día para sonreír.- Les dijo a sus dos acompañantes, vegetal y animal. Depositó tiernamente un beso en la flor, que en aquel momento pareció como si la estubiera mirando.
-A las plantas os va bien que se os hable, pues así crecéis más sanas y fuertes. Así que voy a leerte un libro. Voy a leéroslo a ambos.- Extendió el brazo hacia su lado y cojió aquel libro de cubierta aterciopelada. Como si hubiese comprendido, el pato se posó entre sus pies. La rosa parecía que había embellecido aún más en los últimos segundos. La muchacha sonrió, y abrió el libro serenamente.
-Vamos a leer, juntos.-




Judit Perich

lunes, 15 de diciembre de 2014

Cuentos en diez minutos - lágrimas

La lluvia caía pesadamente sobre su blanquecino rostro. Ella permanecía inmobil mirando al cielo gris, y pensando. Pensando. Profundamente. Como había podido perderlo? Lo más valioso que tenía en su vida se había esfumado tan repentinamente como había entrado en ella. Había sido todo tan rápido...

Las gotas de lluvia se mezclaban con sus lágrimas, que resbalaban suavemente por ese rostro suyo, tan pálido. El semblante que hace tan poco estaba tan vivo, tan radiante, ahora lucía cadavérico, sin vida alguna. Sus ojos eran como un espejo roto que no reflejaba nada. Eran opacos, vacíos, una vez tan vivos, ahora tan muertos. Solamente adornados por aquellas tímidas lágrimas que avivaban un poco la morticidad de su expresión.


Lágrimas pequeñas, cristalinas, eran como polvo de diamante fluyendo de sus orbes de hielo. Nada más caer por su rostro se mezclaban con la lluvia, fluían con ella en una decadente sintonía y se perdían, se perdían como su alma. Y dejaban de tener importancia. Y pasaban desapercibidas. Porque al fin y al cabo nada importaba ya. Ni ella, ni su vida, ni su ser... ni sus lágrimas. 

Judit Perich

domingo, 14 de diciembre de 2014

Cuentos en diez minutos - tragedia

Hoy realicé una actividad en la plaza de mi pueblo: escribí cuentos instantáneos a quien me lo pedía, cuentos de alta velocidad, hechos en un intervalo de 10 minutos aproximadamente. Aunque me ha salido bastante bien y la gente está contenta con los cuentos que les he hecho, de entrada el reto parecía difícil, pues yo no estoy acostumbrada a escribir en tan poco tiempo. Es por eso que practiqué unos días antes en mi casa, pidiendo a mis cercanos que me dijeran temas y yo trataba de elaborar un cuento acerca de ese tema en 10 minutos.  Aunque algunos de los que hice dejan mucho que desear, otros considero que me han quedado bastante bien, y es por eso que he decidido publicar un par de esbozos de esos cuentos en el blog. No puedo pedir que sean del agrado de todos, pero si que me gustaría que lo fueran de la mayoría.


El agua del mar fluía tranquilamente. El horizonte reflejaba la anaranjada luz del atardecer. Desde las rocas contemplaba el mar en calma una joven de tristes ojos. Iba descalza, para no resbalar, no podía permitir morir igual que él.
Si, allí era donde había muerto el hermano de aquella muchacha. Él había sido un joven apuesto y muy galán, caballeroso y educado. Quizá demasiado. Y aquella había sido su perdición. Todo por salvarla a ella.
A ellos siempre les había gustado pasear por aquella zona, y no era para menos, los atardeceres allí eran preciosos. Desde niños lo llevaban haciendo, contemplar el mar entre la luz naranja del cielo en aquel momento del día.
Hasta que un día, ella, descuidada, se puso a correr por las rocas emocionada. Aún era muy pequeña. Sin embargo lo que ocurrió a continuación la hizo crecer de golpe.
Un resbalón cambió por completo su vida. Ella resbaló, las rocas estaban húmedas y se deslizó repentinamente. Pero su hermano fué rápido, y la agarró antes de que pudiera hacerse daño...cayendo él. Perdió el equilibrio, y cayó por salvarla a ella de ese mismo destino. Y ella lo vió todo. Vió morir a la persona que más quería del mundo ante sus propios ojos.

Ahora ya habían pasado veinte años desde aquello, sin embargo por mucho tiempo que pasara ella jamás lo olvidaría. Por eso estaba allí hoy, como cada tarde, mirando el mar, recordando.

Arrojó un ramo de flores al agua, que empezó a danzar suavemente con las pequeñas olas. Las lágrimas que caían de los ojos de ella se mezclaban con aquella misma agua. El momento y el lugar en el que había muerto su persona querida. El atardecer en el mar que una vez fué de ensueño y ahora era una dulce pesadilla sin fin.

Judit Perich

jueves, 20 de noviembre de 2014

La importancia de llamarse Grey



(Dado el inminente estreno de la película "Cincuenta sombras de Grey", remozo un antiguo artículo que escribí sobre el tema).

       Desde que Oscar Wilde escribió el Retrato de Dorian Gray hasta 2011, año en que conocimos a Christian Grey, es evidente que han pasado muchas cosas en el panorama literario. Parece presuntuoso tratar de hacer un análisis sobre ello, pero no iremos tan lejos; nos conformaremos con echar un vistazo a la Historia y quedarnos con lo que más nos guste.
       El siglo diecinueve fue un gran privilegiado en cuanto a literatura; sus afortunados habitantes convivieron con Dostoievski, Tolstoi, Marcel Proust, Chesterton, Doyle, las hermanas Bronte, Mary Shelley y un largo etcétera de genios que nos dejamos en el tintero. La mayoría de estos genios no eran precisamente ricos; el propio Oscar Wilde murió en la indigencia, así como suena. Y no fue el único.
       Pero, como tantas otras cosas, la literatura es hoy en día un negocio más. Las editoriales publican los libros de las celebrities que, potencialmente, más van a vender, de suerte que el día de Sant Jordi nos encontramos a Belén Esteban en el Passeig de Gràcia firmando ejemplares de su best-seller Ambiciones y reflexiones. Son muy pocos los escritores de verdad que logran pasar por ese tamiz tan apretado y colar sus obras maestras para que lleguen al gran público. Afortunadamente, todavía los hay y nosotros lo celebramos.
       En ese estado de cosas, no es de extrañar encontrar fabricantes de best-sellers. Como dice Jose Luis Corral, basta con utilizar las tres eses: Sangre, sudor y semen. Estos ingredientes garantizan el éxito de la mayoría de las obras. Y hay quien se ha aprendido muy bien esa lección; incluso que ha dado una vuelta más a la tuerca. Tal es el caso de la autora de Cincuenta sombras de Grey, que dio con la fórmula mágica de compaginar la manera de vivir de la mujer moderna y sus arcaicos instintos. La mujer de hoy en día tiene la obligación de ser independiente y demostrarlo a cada paso que da, sin un solo respiro. Quizás, sólo quizás, es por eso que le excita tanto la idea de dejarse caer y que sea otro quien tome las riendas, aunque sea tan solo por un breve espacio de tiempo o como divertimento. Ahí y en ninguna otra parte, creo yo, radica el éxito de Christian Grey; en la mujer que, harta de demostrar cosas, de subir más y más peldaños sin que casi nadie le reconozca nada, ansía abandonarse y dejar que sean otros los que tomen las decisiones, sublimando tal hecho en la cama, que suele ser el lugar donde, al final, nadie te tiene nada en cuenta. En esa comodidad neandertal reside, a mi modo de ver, el éxito sin precedentes de una novela que nadie parece querer admitir que ha leído pero que todos sabemos de qué va. A lo mejor es que, al final, sólo nos llega lo que nos es más cercano, lejos de aquellas grandes diatribas decimonónicas.
       Después de este baño de realidad,  lo mejor será quedarnos con una frase del gran Wilde: "Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse".

                                                                                                              Gemma Minguillón

domingo, 20 de julio de 2014

El cementerio



Caminaba por el lúgubre cementerio, oscuro, umbrío, sólo alumbrado por la ténue luz de la luna llena, que resplandecía dominando el nublado cielo del crepúsculo cual lucero de plata. Las lápidas en forma de crucifijo cubrían el suelo, perlado por la neblina medio disipada que lo envolvía levemente y, a lo lejos, el ángel de piedra que, con su esbelta figura asexuada y sus enormes y hermosas alas de plumas, dominaba elegantemente la zona, muerta y gélida.
Andube hasta el extremo norte, bajo un álamo con la corteza seca, y miré el cielo. Serena y lastimera mirada surgía de mis soñadores ojos ámbar. Sin saber porqué una brillante lágrima se asomó tímidamente, sin motivo. Todo aquello era tan bello, y a la vez tan triste... y me fui por dónde vine, con un lento paso en aquel suelo de tierra húmeda, caminando sobre las lombrices que seguro que estarían debajo de mis pies, devorando vorazmente la carne descompuesta de toda aquella gente. Todos havían llevado vidas muy distintas; algunos buenos, otros malos, algunos ricos, otros pobres. Pero, al final, todos sufrimos el mismo destino: acabar enterrados en aquel lugar sombrío, olvidados, sirviendo de alimento a aquellos rastreros animales, y con fuegos fatuos surgiendo del interior de nuestros huesos.

Y es que la muerte no hace distinciones.  




Extraído de mi blog: La cueva del nigromante




Judit Perich

lunes, 7 de julio de 2014

Cero absoluto

      En aquel paisaje no había nada. Literalmente nada. Estaba completamente vacío. El tiempo se había detenido en aquel lugar del Universo. Frío; era lo único que se podía sentir. Era imposible saber en qué punto las partículas habían dejado de moverse en aquel lugar, quizá siempre habían estado así. Pero eso no importaba ya, pues el tiempo no pasaba allí. Cinco minutos eran lo mismo que quince mil años; pasaban las mismas cosas: nada. No había vida, no había tiempo, espacio, forma, color. La materia, inmóvil, era sólida. Y fría, muy fría, demasiado fría. Cualquier cuerpo, vivo, muerto o artificial, que se acercara a ese lugar sería víctima de aquel hechizo y el tiempo se detendría también para él. Mas podría disfrutar de estar una eternidad sin experimentar el más mínimo cambio en su ser, aunque el precio a pagar fuese dejar de respirar, de sentir, de vivir... 

      Materia inmóvil, materia muerta, congelada. El hielo que congeló el tiempo. El tiempo que detuvo la vida, los cambios. La maldición de un mundo cuyas partículas en algún momento cesaron de moverse, un mundo que fue víctima de una glaciación suprema que destruyó cualquier esperanza de progresar allí. 

      La maldición de un mundo que alcanzó el cero absoluto.


Judit Perich

martes, 17 de junio de 2014

Disseción de un cuento (4): La bella durmiente




LA BELLA DURMIENTE:

La bella durmiente es otro relato que no escapa del paso del tiempo y las diversas manipulaciones para ser adaptada a cada época, marco social , moral.......

Es curioso destacar la inmensa cantidad de cuentos que comulgan en un mismo origen, o como poco nos remiten a las mismas bases u orígenes. Esta aparentemente romántica historia es recopilada sobre el 1636, por nuestro ya conocido Giambattista Basile en su colección titulada “Pentamerone”.

También podemos encontrar una versión de Charles Perrault publicada en 1697.

Variantes de este cuento se encuentran incluso en Egipto.

Empezaremos con la versión Napolitana, para observar el recorrido de cambios que ha sufrido esta historia.



"Unos sabios advierten a un gran rey que su hija recién nacida, Talía, corre el peligro de pincharse con una astilla envenenada oculta entre lino. Aunque el rey prohíbe que entre una sola fibra de lino al palacio, Talía, siendo una adolescente, encuentra una rueca para hilar lino, inmediatamente se pincha con una astilla debajo de una uña, y cae muerta."


(En la edad media, y mucho más acá, la mujer estaba íntimamente relacionada con la confección y mantenimiento de las ropas, por lo que siempre había una aguja a mano para ellas. el rey sabe que su hija, como mujer, está obligada a las tareas textiles, pero jamás se le ocurre que las abandone, hecho que la dejaría a salvo de la maldición.)

 

"Agobiado por la pena, el rey deposita el cadáver de su hija sobre un paño de terciopelo, cierra las verjas de palacio y abandona para siempre su bosque".


Realmente es a partir de este punto donde la historia es con diferencia desconocida y cuyas voces tradicionales nos transportan a otros momentos de la historia más oscura e instintiva del hombre.



"Un noble que caza en el bosque descubre el palacio abandonado y el cuerpo inerte de la princesa. En vez de limitarse a darle un beso, la viola y se marcha. Nueve meses más tarde, la durmiente Talía da a luz a dos gemelos, un niño y una niña llamados Sol y Luna. Los pequeños son cuidados por las hadas. Un día, el niño chupa el dedo de su madre y extrae la astilla envenenada, con lo que Talía recupera el conocimiento".  
"La esposa del noble se entera de la existencia de los hijos bastardos de su marido, los hace prender y los entrega a su cocinero, con la orden de que degüelle a los dos pequeños y con sus carnes prepare un sabroso guisado. Y cuando su esposo casi ha terminado lo que hay en su plato, ella le anuncia malignamente: “¡Te estás comiendo lo que es tuyo!. Durante algún tiempo, el noble cree haberse comido a sus hijos pero resulta que el cocinero, hombre de buen corazón, puso a salvo a los pequeños gemelos y los sustituyó por carne de cabra. La enfurecida esposa ordena que Talía, también capturada, sea quemada viva en una hoguera, pero la Bella Durmiente es salvada en el último instante por el padre de sus hijos".

En la versión de Perrault conocemos a un rey y una reina que tienen serios problemas para tener descendencia, y tras muchas y variadas estrategias consiguen una concepción.
En el evento de presentación de la princesa se invita a 7 hadas, curiosamente 7 fueron los cabritillos, 7 los enanitos y 7 las hadas buenas de esta historia, mas una vieja hada que sintiéndose menospreciada condena a la joven a una muerte por pinchazo con un huso, que queda transformada en un sueño de 100 años por una de las hadas buenas.
A la princesa se el conceden unos dones, uno por cada hada:

  • el de ser la persona más bella del mundo
  • el de tener el alma de un ángel
  • el de mostrar una gracia admirable en todo lo que hiciera
  • el de bailar a las mil maravillas
  • el de cantar como un ruiseñor
  • el de tocar con toda perfección cualquier clase de instrumento musical





En esta versión el rey prohíbe el uso de ruecas y todo tipo de aparato o artilugio que funcionara con agujas, pero no evita que la princesa a los quince años hallara una anciana que seria la desafortunada que precipitase el maleficio de la anciana hada resentida.


Sigue el relato cambiante, con el letargo de todos en palacio a excepción del rey y la reina, y todo el lugar es invadido por una espesa capa de bosque, aislado del mundo por 100 años.

El hijo de un rey localiza el lugar por rumores y habladurías, se sumerge en el espeso bosque y al llegar a los aposentos de la princesa esta se despierta junto con toda la corte, Perrault hace aquí referencia a los ropajes pasados de moda de la princesa.

Es curioso lo que Perrault cuenta a continuación, porque ambos enamorados, se casan en secreto y permanecen por varios meses escondiendo a su descendencia: Aurora y Dia.

Al fallecimiento del Rey padre, el príncipe hereda su cargo y al mismo tiempo desvela el secreto.

La Reina madre es descendiente de una familia de Ogros, (quiero pensar que es un reflejo de la maldad en las personas) a la que le gustan los niños y la carne fresca.
A  partir de aquí se recupera esa parte donde la antropofagia esta presente como en tantos cuentos como en el de caperucita, recordemos que el lobo le da a comer a caperucita pedazos de su abuela sin ella saberlo, en este relato la maldad revelada por la Ogresa no tiene límite, pero como en Blancanieves, un cocinero que no cazador decide desobedecer y salvar a la familia real de tan horrendo destino.
Para acabar todos son salvados por el joven Rey, y la Ogresa presa de su propia maldad es destruida.
Vemos pues algunas diferencias en cuanto a los personajes y sus papeles en esta historia, pero con los  Hermanos Grimm  el relato toma un par  de giros más, ya no son 7 las hadas sino 12 más 1 que es la malvada y todo acaba felizmente porque la figura de la suegra (Ogresa) desaparece de escena igual que su marido, dejan con vida a los Reyes padres de la princesa durmiente y todo acaba en una feliz boda con comilona incluida.
Este caso de mutilación del cuento original es el más agresivo , ya que perdemos muchas información del origen y de su influencia en el inconsciente del ser humano.
Digamos entonces que de esta última variación bebe la factoría Disney para su bella durmiente.



Estas anécdotas han sobrevivido por el hecho de que poseen un fuerte arraigo mitológico, viajemos y volemos hacia el pasado remoto de Europa Occidental,cuando los Señores del Valhalla aún eran temidos y adorados por las tribus indoeuropeas; allí encontraremos la razón de que un cuento sobreviva en nuestra era iluminando una esencia escondida; el mito de Perséfone, la leyenda de Brunilda despertada por el beso de Sigfrido, testimonian la existencia de un fondo común simbólico muy antiguo que es desarrollado en Francia por Perrault a partir de la tradición oral. La Bella Durmiente, dormida durante cien años por el hada mala y despertada por el beso del príncipe encantado, también podría ser la metáfora del entumecimiento invernal de la naturaleza y de la llegada de la primavera; los nombres de los niños, Aurore y Jour, apoyan esta idea de la ilustración poética del mito solar.

Otra forma de snetir la historia pudiera ser algo más Jungiana, encontrándose similitud entre el sueño de la princesa y el sueño de la vida en la que el Ego nos sumerge hasta que despertamos gracias al amor, incluso la numerología podría apuntar alguna reseña,  pero este tema daría mucho para hablar y quizás sea carnaza para otro post, un saludo durmientes.

Olga Caballero



lunes, 16 de junio de 2014

Sevensinners

      Cuando este blog era muy pequeñito, con apenas días de vida y unos cientos de visitas, me invitaron a la radio de Sant Feliu para hablar de él; explicamos a muchos amigos que saldríamos en el programa Vivències y preparamos una pequeña presentación. Conmigo vinieron Sandy Osorio, Judit Perich y Albert Lacueva. Como estos dos últimos juegan a Dofus, un juego online internacional, y Albert es líder de un gremio llamado Seven Sins, anunciaron su intervención radiofónica entre los miembros de este, que tuvieron la amabilidad de escuchar el programa para poder oír (y criticar) las intervenciones de su líder y su mentora. Recuerdo que los comentarios fueron divertidos y me hizo mucha ilusión ver que tantas personas habían seguido el programa, igual que a los organizadores del espacio de radio. De manera que el pasado viernes, día en que se cierra la emisión "por vacaciones", acudí nuevamente al programa con la finalidad esencial de agradecer a todos los sevensinners su interés en aquella emisión. Les saludé y agradecí su detalle, pero... ¡ah! olvidé nombrar a muchos de ellos, sobre todo por las prisas; ni yo tenía tiempo ni lo tenía el programa, de forma que sólo nombré a algunos cuyos nombres escucho con mayor frecuencia cuando subo a la buhardilla de Kohi. Pero olvidé a muchos, como digo por las prisas.
      Por ejemplo, olvidé nombrar a un amigo y confidente de mi hija, Sergio Manzanal (Kusuriuos); hoy he visto una foto suya y puedo asegurar que tiene unos ojos que parecen los faros de un Rolls Royce tuneado. Haznos un favor a todos y cuídalos, niño.
      También está  Pol (Dark-heals), que es un muchacho de mi pueblo al que me encontré en un concierto de una banda-tributo de AC/DC. Supongo, chaval, que habrás leído el reportaje que escribí sobre Iron Maiden en este blog, Larga vida a la doncella de hierro. Si no, ¡échale un ojo, a ver si te gusta!
      No me olvidé de Hynx (en la radio le llamé Alex), porque le conozco (es más largo que un día sin pan, el chavalillo), ni de Cántabro (ponte la tilde, que aquí te llaman cantabro, con acento en la segunda "a"), aunque por desgracia le llamé Iñaki en lugar de Iñigo, ante el cachondeo general. Aunque, claro, hay más Alex, como por ejemplo Ryssek, Blizzard, Houdero, de quien no me olvidé por esa historia suya de la lesión que sufrió en el brazo. Aparte, me parece un cachondo mental, y me gusta la gente con sentido del humor. Y no nombré a Eugor, que ahora está merendando en el comedor, y a otros miembros, como Megalus, Beamspark, Suppagos, Parca-Raptor...
      Sé bien que no os nombro a todos, pero esto va por todos vosotros: MIL GRACIAS, SEVENSINNERS! Espero que os guste nuestro blog y lo leáis de vez en cuando, que hay muchas cosas en castellano. También espero que pongáis comentarios, porfa. Y pediros que sigáis ahí, con ese buen humor y ese buen rollo que se respira en vuestro gremio, que es, sin lugar a dudas, el mejor de todo Dofus. Un beso muy grande a todos y hasta siempre!

                                                  Gemma Minguillón

martes, 10 de junio de 2014

La vida en un culebrón

Con frecuencia me pregunto por qué la vida no es un poco más fácil. Eso de que no haya instrucciones por ningún sitio, de que uno nazca sin más y vaya a dar a una casa en que tampoco es que les hayan explicado muy bien de qué va la cosa, nos deja a todos en clara desventaja ante los avatares y contingencias constantes de la vida. Por buenos padres, educadores y amigos que tengamos, raro es que no nos veamos muy a menudo preguntándonos cómo reaccionar ante tal o cuál nueva situación; si un amigo nos falla, si un amante nos traiciona, si en el trabajo nos hacen la vida imposible... Y claro, una acaba por pensar que todo sería muchísimo más sencillo si la vida tuviera, por ejemplo, banda sonora. Podríamos ir la mar de tranquilos si fuésemos por la calle mientras suena un bossa nova en una mañana de sol, por ejemplo. Pero si la música se volviese monocorde, machacona y rápida, sabríamos que, sin duda, un maleante nos estaría esperando a la vuelta de la primera esquina. Ni qué decir tiene que, de tornarse la música melancólica y triste, íbamos a sufrir una pérdida inminente, o bien estaría claro que el amor de nuestra vida es esa persona con la que acabamos de cruzarnos mientras la música se tornaba melosa y dulzona. 
       Esto serviría también con las personas. En literatura, como en la vida, se nos presenta una persona o personaje haciéndonos creer que es una cosa y, páginas o días después, resulta que aquella chica tan maja se revela en una arpía de la peor especie. Eso está muy bien cuando uno lee una novela, pero no tanto cuando la arpía en cuestión es alguien en quien habíamos confiado o, simplemente, nos había caído bien. Pero, ay! En los culebrones es infinitamente más sencillo; cuando la mala mujer aparece en pantalla, lo hace acompañada de una fanfarria descendente y seca, algo así como un TATATACHÁN!! que deja bien claras sus intenciones a las primeras de cambio. Del mismo modo, cuando quien sale en nuestra tele es la pobre huerfanita a la que todos adoran, pero que también todos malinterpretan, la música que la acompaña es triste y desesperanzada.
       Desde aquí abro una recogida de firmas para que nuestros políticos pongan en nuestra vida una banda sonora. Aunque, ahora que lo pienso, no creo que me hagan caso; imaginaos qué música sonaría cada vez que cualquiera de ellos apareciese en las noticias.

                                                 Gemma Minguillón

lunes, 2 de junio de 2014

Cuentos increibles: El libro

     -No sabría decirte-, le dije una vez más y otra, caminando bajo la lluvia, buscando el cobijo de los balcones estrechos y poco acogedores del callejón que conducía a mi cubil. -La cuestión es que no debería, lo sé, pero no puedo dejar de hacerlo.
     -Lo que no entiendo- me contestó -es tu reticencia, Martina. No sé por qué deseas dejarlo. ¿Acaso te hace algún daño hablar conmigo?
     -No-, dije, bajando la voz, pensativa y expectante. -No lo creo, Alarico. 
     -Exacto. No tienes obligaciones, nadie te espera en casa. No debes nada a nadie y, aun así, no te parece bien que hablemos a diario. Me gustaría saber por qué.
     -A mí también-, le contesté, mientras sacaba la llave de mi deslucido bolso y la introducía en la herrumbrosa cerradura de la puerta desencajada del portal. "Para una puerta como esta", pensé una vez más, "no sé si vale la pena tener que llevar llave". -Escucha-, le dije de nuevo -eres todo lo que tengo y lo sabes. Si hablo contigo es porque me sacas de la amargura diaria, de todas las sombras que me rodean. Eres cuanto me importa.
     -Lo sé. Pero esto es todo. No puede ser más de lo que es. Supongo que por eso te sientes mal.
     -¡Si! Me siento mal por eso y porque no me das la menor oportunidad-, le dije mientras entraba en casa y arrojaba el viejo bolso al suelo. Miré al fondo del pasillo; de nuevo, el sillón desgastado y hundido me esperaba al fondo, en la pequeña sala. Me decía "ven; pasa de nuevo la noche aquí sentada, mirando la televisión sin verla, con la mente en otro lado". Me dirigí hacia el final del corredor mientras su voz me seguía hablando a través del teléfono móvil. 
     -¿Oportunidad? Vamos, Martina, deja de soñar. Soy tuyo, absoluta y completamente tuyo. Pero esto es cuanto puedo ofrecerte. Siempre ha sido así y siempre lo será.
     - Pero ¿por qué? No lo entiendo, cada vez lo entiendo menos.
     -¿Te acuerdas del libro?- Mi corazón empezó a palpitar más y más deprisa.
     -¿Qué libro? ¿De qué me hablas?- Tac, tac, rápido, rápido.
     -El libro, Martina. Sabes muy bien cuál.
     -¡No digas estupideces! ¡No hay ningún libro!
     -Martina...- su voz se suavizó, se volvió de terciopelo. Tan suave, tan dulce. -Yo puedo hablar contigo siempre que quieras, pero no deberías olvidar el libro...
     -Si vuelves a nombrarlo voy a colgar. 
     -No, no lo harás.
     -¿Cómo puedes estar tan seguro?
     -Porque si lo haces me perderás.
     Entré en el comedor con la respiración acelerada, sin atreverme a colgarle. Y ahí estaba el maldito libro, sobre la mesa. Grande, pesado. En el lomo, el nombre del autor: Martina López.
     -No colgaré, Alarico. Prométeme que tú tampoco...
     -Te lo prometo. Pero tú sabes que...
     Mi corazón volvió a su ritmo normal, mi respiración se ralentizó de nuevo.
     -...que yo no existo.
      Cogí el libro para devolverlo a su estantería y mis ojos hicieron ver como que no veían el título: "Alarico".
     -Da igual; sigue hablándome...

                                               Gemma Minguillón

domingo, 1 de junio de 2014

Llantos de alma

                       


Cayendo en el olvido, en el vacío
aire, viento, aullidos de la nada,
se oía, aterrador aquel sonido
de angustia, de alma, de frialdad velada.

"Dime, te escucho", atendía el oído,
Voces que sonaban en la penumbra helada;
eco infantil de llanto dormido,
viento mortal que su canción cantaba.

Olor de rancio musgo sobre mármol,
cruces, ángel de piedra, letras grabadas
marcaban el lugar de su reposo,
y la tierra( la madre) lo acunaba.

Al abrigo del sagrado árbol,
lanza perfecta de formas elevadas,
a su sombra, durmiendo perezoso;
hacia Dios con la noche se elevaba.


Extraído de mi blog: La cueva del nigromante




Judit Perich

viernes, 30 de mayo de 2014

Beautiful Loser

 Las suaves gotas de lluvia repicaban contra el suelo, siempre constantes, sin detenerse ni un solo minuto durante ya siete días donde sólo reinaba el silencio y la oscuridad. Tal paisaje parecía eterno, convirtiendo aquellos días en siete largos años, décadas o incluso siglos en los que nada cambiaba. Las montañas y árboles continuaban custodiando la pequeña villa, la cual parecía impenetrable, tanto por tierra como por aire, dejando encarcelada a la única habitante de aquel lugar desolado.        La muchacha paseaba tranquilamente por las calles del pueblo sin vida, recorriendo cada lugar, adentrándose en casas ajenas, observando cada centímetro, topándose siempre con el mismo panorama. Nada, absolutamente nada por lo cual sorprenderse,  entristecerse o alegrarse; nada por lo cual vivir. Nada, absolutamente nada.       Siempre salía de aquello a lo que llamaba hogar en busca de algo que sabía no iba a encontrar porque, a pesar de su certeza, su alma le rogaba, suplicando por un cambio, un destello de luz por más pequeño que fuera. Por eso, obedientemente, caminaba sin rumbo tanto de día como de noche, durmiendo lo justo, comiendo lo necesario, manteniendo su cuerpo para continuar su camino.       Y a pesar de sus esfuerzos continuaba allí, sola, perdida, completamente perdida. ¿Cuanto tiempo llevaba así? ¿Un año? ¿Dos quizás? No lo sabía ni le interesaba porque eso no tenía ninguna importancia.        A veces gritaba, pero nadie llegaba y, si lo hacían, se marchaban con la misma rapidez con la que habían llegado, llevándose así aquella efímera felicidad, llevándose un pedacito de ella, dejándola cada vez más pequeña, más vacía, hasta el punto en que ya no había nada que dar, ni una sonrisa, ni una lágrima; nada, absolutamente nada.       ¿Era su culpa todo aquello? La respuesta era evidente, pero el miedo, el pánico profundo, la tristeza y la desesperanza la retenían en aquel lugar.  Por más veces que sus piernas la llevaran al único sendero entre las montañas ella huía de él,dando media vuelta y echando a correr, notando el ritmo de su corazón acelerar como si este quisiera salir de su pecho, y luego gritaba, bien alto, bien fuerte.       Hoy nuevamente se encontraba frente al sendero respirando profundamente, su huida había empezado hacía escasos minutos, pero una potente voz surgida de su interior clamaba una tregua, un alto. "¿No crees que ya te has hecho suficiente daño? ¿Todo este tiempo malgastado en el que nada ha cambiado, de qué ha servido? Dime, lo exijo". Y no supo darse una respuesta, ninguna explicación era válida ya. La voz se había apagado llevándose todo rastro de locura, dejándole un poquito de sensatez. Temerosa dio el primer paso, y luego otro y otro, llenando su ser de nostalgia por lo que dejaba atrás y de curiosidad por lo que le esperaba delante. "El camino no será fácil, sin duda" se dijo a sí misma suspirando, "pero no se puede vivir en el pasado".


                                      Sandy Osorio

miércoles, 28 de mayo de 2014

Larga vida a la Doncella de Hierro

He tratado de evitarlo, pero me conozco y sé que, si no os lo cuento, voy a reventar. Anoche cogimos nuestras cosas y nos fuimos a Barcelona, al Palau Sant Jordi, dejando todo a medio hacer y sin horas a nuestro favor, sabiendo que regresaríamos demasiado tarde, que dormiríamos poco y mal y que ésta mañana nos costaría bastante volver a nuestra pequeña realidad. Pero lo hicimos; teníamos que hacerlo. Y es que anoche, en el Sant Jordi, tocaba Iron Maiden. Todo lo que supuso el tráfico, buscar aparcamiento, hacer cola para entrar y buscar nuestro palco se desvaneció cuando sonaron los primeros acordes de "Doctor, doctor", del gran Schenker, que siempre abre todos los conciertos de la doncella. Y cuando salieron corriendo las tres guitarras y el bajo hacia la parte delantera del escenario, rompiéndolo todo con su sonido perfecto, líquido y limpio, no pude menos que tragar saliva. "Janick Gers se ha alisado el pelo; Bruce está más delgado; anda, Harris lleva bermudas porque es un hombre que pasa de todo", pensé, mientras valoraba sus evoluciones como lo haría una madre, aunque todos ellos me saquen bastantes años. Y es que fue por ellos que aprendí qué es el Metal, que comencé a distinguir entre el ruido y la música, cuando de heavy se trata. Me abandoné una vez más a sus partituras cuadradas, estudiadas al milímetro, a sus cambios maestros, al caballeo del bajo de Steve Harris (que es el mejor bajo del mundo), a los sonidos líquidos de la guitarra de David Murray, a la maestría incontestable de Adrian Smith, a la velocidad de vértigo de los dedos de Janick Gers, al peso de todos los ritmos recayendo sobre los platos y tambores de Niko McBraine. Y al inconmensurable, infinito y potente caudal de voz de Bruce Dickinson, por quien no pasa el tiempo ni el desgaste en ningún sentido. Cuando se fueron, nos dijo "bona tarda, Barcelona, ens veiem". Si vuelves, claro que nos veremos.

                                               Gemma Minguillón

domingo, 25 de mayo de 2014

Disección de un cuento (3): Blancanieves

El cuento infantil que hoy nos ocupa es posiblemente el más real de todos ellos, aunque en un principio se pensó que su origen databa del siglo XVI, en la creación de  Giambattista Basile, y su  Pentamerón, El cuento de los cuentos,  algunas gracias a indagaciones  de historiadores de la zona  de  Kurmainz, en Lohr (Alemania), como el   Dr. Karlheinz Bartels,  conocemos de la existencia de una muchacha  Maria Sophia Margaretha Catharina von Erthal  hija de un diplomatico Philipp Christoph von Erthal, Condestable del territorio de Kurmainz, en Lohr (1719-1748)  que era un hombre que viajaba con mucha frecuencia  en misiones especiales relacionandose con personalidades de la realeza de parte de Europa. De ahí que, para  los habitantes de Lohr, los “von Erthals” tuvieran todas las características de una familia real.

     En el relato de Giambattista, una joven niña de siete años, Lisa, se pincha con un peine mágico y entra en un estado inconsciente. Su familia la da por muerta y la entierran en un ataúd de cristal, lugar en donde la joven siguió creciendo hasta adquirir el cuerpo y las facciones de una mujer adulta. Su historia carece de elementos como el espejo mágico, los siete enanos, la manzana envenenada, la reina malvada y el príncipe.  


     Vemos un relativo parecido con la historia de Maria Sophia y la historia de Blancanieves; Maria Sophia era una joven niña muy querida en Lohr por su caracter activo contra la pobreza y la indigencia, una alma caritativa que despertaba la ternura de sus habitantes por ser algo ciega debido a las secuelas de la varicela, hecho que contrastaba con la crueldad de su madrastra Claudia Elisabeth Maria von Venningen, condesa imperial de Reichenstein. ,segunda esposa de Philipp Christoph von Erthal,  el cual regaló a su segunda esposa un espejo que hoy en dia se encuentra en el museo de Spessart. Su manufactura es tan delicada que el marco del espejo posee propiedades acústicas notables, sobre el marco puede leerse una inscripción que parece reflejar perfectamente la vanidad de la "bruja": Amour Propre, literalmente, "amor propio".
      Se dice que si alguien habla cerca de él, por sus aberturas puede oirse un extraño eco que parece responder las preguntas que se le formulan. Estos hechos inusuales en la historia  fueron conocidos por los Hermanos Grimm, los cuales dieron cuenta del relato.
     La condesa tenía dos hijos de su matrimonio anterior, a los cuales beneficiaba durante las largas ausencias de Philipp por su trabajo de diplomatico.


     Esta historia real tiene todos los ingredientes de las tragedias  clásicas , elemento que atrajo enormemente a los Hermanos Grimm que en 1812 publicaron una de las primeras versiones.

     No obstante, existen otras opiniones respecto al relato original  y la base de la historia. Según el historiador alemán Eckhard Sander, Blancanieves era una joven condesa que se llamaba Margarethe Von Waldek que vivió en Alemania en la primera mitad del siglo XVI. Por entonces, el príncipe Felipe II viajaba por europa. Margarethe era una joven de una belleza extraordinaria que murió envenenada por intrigantes de la corte del imperio, que evitaron así que se casara con el rey Felipe II de España.




     Según Dickerhoff, en la primera edición del cuento, titulado “La pequeña Blancanieves” y publicado en 1812, la madre de la heroína desea tener una niña “blanca como la nieve”. Su deseo se vuelve realidad, pero cuando su hijita se convierte en rival de su belleza y el espejo mágico declara que Blancanieves es mil veces más hermosa que la reina, los celos la consumen y ordena una espantosa muerte para su propia hija. Para la sociedad europea de principios del siglo XIX la idea de una madre malvada y asesina no era aceptable, por lo que los hermanos Grimm, que nos trajeron hasta nuestros días este cuento, decidieron autocensurarse y reconvertir la figura de la mala de la historia. En la versión de 1857, la hermosa y bondadosa reina muere en el segundo párrafo después del nacimiento de Blancanieves y su padre se casa de nuevo, dando paso a la figura legendaria de la madrastra que todos conocemos.



     Pero en esta versión original no solo la madre mata a la hija, sino que lo hace de una manera digna de Hannibal Lecter. La reina no sólo ordena la muerte de Blancanieves, sino que exige además que, como prueba, le presenten el corazón de la víctima. En el cuento alemán, la reina, creyendo que el corazón que le presenta el cazador es el de Blancanieves (en realidad pertenece a un jabalí) lo sala y llega a comérselo. Y en el cuento original la reina es obligada, al final, a calzarse unos zapatos de hierro al rojo vivo: presa de un espantoso frenesí, baila hasta morir.


     Respecto a los enanitos de esta historia algunos historiadores encuentran un reflejo en los niños que en ese tiempo trabajaban en las minas, los cuales acusaban un evidente envejecimiento, y que la joven Maria Sophie tenia en bajo su protección.

     Parece ser que la historia que todos conocemos como Blancanieves tiene pues su base en un acontecimiento real destacable para la moral y la tradición de la época que los Hermanos Grimm y después Disney dulcificaron, haciendo que la raíz se pierda en lo profundo de la tierra de la que bebe.






Olga Caballero








lunes, 19 de mayo de 2014

Cuentos increibles: La prenda

       “Tac, tac”, sonaba tras de sí el suelo de piedra húmeda. “Tac, tac”, y los latidos de su corazón se confundían con el taconeo de sus botas. La capa volaba a su espalda acariciándole los hombros, enredándose a veces en sus piernas y produciéndole un sobresalto tras otro. El sudor perlaba su frente despejada y limpia; los cabellos se humedecían a cada paso que daba. “Tac, tac”. Alzó la vista para encontrar la mirada de la Luna, que aquella noche se enseñoreaba del cielo negro y sin estrellas. Blanca, clara, parecía gritarle “vete, este no es tu sitio”. Pero tenía que hacerlo; todos los estudiantes de primer año debían pagar la prenda que les imponían los veteranos para ser aceptados. Las candelas de petroleo de la calle temblaban a su paso, haciendo aún más mortecina la luz que iluminaba escasamente sus pasos firmes, una firmeza que parecía tratar de convencer a su espíritu de que hacía lo correcto. “Hasta el cementerio”, le habían dicho. “Debes coger el aldabón y picar tres veces, justo al dar la media noche el reloj de la torre”. No había podido mostrar su pánico ante tal sugeréncia; con gusto habría hecho la cena de todos durante un mes, o habría lavado la ropa de los veteranos en el río, como habían tenido que hacer otros compañeros de su promoción para poder ingresar en la Hermandad de la Universidad. Pero el cabecilla parecía haberse dado cuenta de su terror a la oscuridad, a la noche. Quizás por lo que su madre le había repetido algunas veces: Que gritaba en sueños, aterrorizado, diciendo cosas incomprensibles. De modo que su prenda consistió en una prueba de valor; de un valor que siempre había tenido para enfrentarse a cualquier problema, a cualquier adversidad, pero del que carecía absolutamente cuando se trataba de su terror a lo desconocido. Y Salamanca estaba especialmente siniestra en aquella Noche de Difuntos.

       La puerta del cementerio pareció saludarle de lejos, con su herrería oxidada por el paso de los años. A su través se veían apenas brillar las lápidas de mármol, en aquella noche de luna que proyectaba las sombras de los ángeles de piedra sobre ellas. Sin respirar, levantó la mano hacia el aldabón. “Tres golpes”, pensó “y todo habrá terminado”. Con la mano fría y temblando, tomó la pesada aldaba y la levantó. Su sonido al caer le heló la sangre, como si aquel ruido tan fuera de lugar en la quietud de la noche pudiese despertar a algún espíritu inquieto. Las campanadas de las doce le acompañaban en la lejanía. La levantó de nuevo, cerró los ojos; otro golpe. Sin aliento, la dejó caer por tercera vez para, inmediatamente, girar sobre sí mismo y salir corriendo como alma que lleva el diablo. Pero entonces alguna cosa le dió un tirón a su capa. Sus ojos se abrieron desmesuradamente mientras su corazón dejaba de latir. Y, al caer al suelo, se soltó por fin la capa que había quedado prendida en el aldabón tras el tercer golpe.

                                                          Gemma Minguillón

Los cuervos

Luz negra, negra sombra,
como una vieja bruja de alas negras
agitando de sus cabellos las hebras, acechando en su vuelo a aquella alondra.

Graznando, voz inerte,
contemplando sus ojos la campiña yerma,
príncipe oscuro, augurio de muerte,
huyendo de la luz a la tiniebla.

Cruzando con sus sombras impactantes
aquel brumoso cielo del ocaso
cubierto con sus nubes acechantes.

Los tenebrosos siervos de Satanás
que miraban impávidos la vida de los demás

como el cuervo que dijo "Nunca más".


Extraído de mi blog: La cueva del nigromante


Judit Perich

jueves, 15 de mayo de 2014

Pasa tiempo

PASA TIEMPO


Hace tiempo que miro al tiempo
desde esta torre de babel pedregosa,
centro universal de las ideas
que transcurren azarosas y angostas.

La estela que teje la mente
con una lineal tesitura,
transporta mis recuerdos
en espiral puntiaguda.

Vertiginosas son sus ventanas
cual pendiente te va atrapando,
aunque parece comprimirse
del espacio va escapando.

Así, como en un suspiro
lleno de sonido y color,
llega la imagen del recuerdo
igual que se abre una flor.

Por fin entiendo y comprendo
la raíz de mi emoción,
fue mi pensamiento
y mi creencia en acción.


Olga Caballero




miércoles, 14 de mayo de 2014

El origen del paracaídas

     De todos es sabido que, entre los muchos inventos de Leonardo da Vinci, hubo muchos aparatos voladores y entre ellos había planos de paracaídas; un sofisticado paracaídas cuyo plano fue bosquejado por da Vinci el 1485. Sin embargo, a diferencia de lo que algunos podrían pensar, no fue él el inventor de esta simple y a la vez práctica máquina de planear.

       El primer paracaídas de la historia data del tercer milenio antes de Cristo, y su inventor fue nada menos que un chino. Ocurrió durante la dinastía Xia; según algunas fuentes, un hombre quedó atrapado en un granero en llamas y se las ingenió para saltar y planear con sombrillas, sobreviviendo así.

     A partir de ese punto de la historia, empezaron a surgir diseños de aparatos para planear cada vez más sofisticados. En China seguían con sus sombrillas gigantes, llevando casi 2000 años de ventaja sobre el resto del mundo; aunque parece ser que los árabes también descubrieron los paracaídas tempranamente, siendo de las culturas debutantes en los sistemas de planeo.

     En el año 852 d.C, en Córdoba, un musulmán llamado Armen Firman saltó desde una torre con un precario paracaídas, haciéndose algunas heridas leves, pues no estaba perfeccionado.


En 1470 aparece en la Italia del Renacimiento un manuscrito anónimo con la imagen de un hombre sujetado a un cono por un bastón transversal; esa sería la primera pista para la invención del paracaídas en el mundo occidental. 

Sería poco después cuando Da Vinci haría su diseño de paracaídas. Basándose en el diseño de Da Vinci, el veneciano Fausto Veranzio, gran pensador y obispo, haría un diseño de creación propia.  No solo eso, sino que además lo probaría. Fue en el año 1617. Su boceto se llama "homo volans"   (hombre que vuela), y lo hizo años antes de diseñar y probar el paracaídas; en 1595. 


     Tras todos los diseños de paracaídas antiguos, empezaron al fin a desarrollarse los modernos, siendo el francés Louis-Sébastien Lenormand el inventor del paracaídas moderno. 
Desde entonces los paracaídas han ido mejorando hasta convertirse en lo que son hoy en día; resultaron muy útiles durante la Guerra Mundial, y tiempo después aparecería el paracaidismo deportivo. 



El sistema de los paracaídas ha ido mejorando a lo largo de los siglos y actualmente resultan un aparato muy eficaz, tanto para salvar vidas como para practicar deporte.


   Judit Perich

 

martes, 13 de mayo de 2014

LA MEMORIA DEL LECTOR

              Dicen que Larry Page, uno de los cofundadores de Google, está preocupado porque la lectura digital, incluso en tabletas y e-readers (o libros electrónicos), sigue siendo más lenta que la que hemos hecho toda la vida, la de letras impresas sobre papel. Y no solo más lenta, sino menos eficiente. Así que Page, un gurú de Internet de pedigrí fuera de toda discusión, reconoce que compra frecuentemente dos copias del mismo libro, la electrónica y la impresa.    
              La conclusión de los usuarios veteranos de estas lides, aquellos que corrieron a comprarse los primeros e-readers hace ya unos años, es que la portabilidad es la gran ventaja de estos gadgets porque no tiene precio viajar con la biblioteca en el bolso. Los e-books y las tabletas son perfectos para leer con fines de ocio, pero si la intención es aprender, memorizar o estudiar, hincar los codos sobre el papel impreso sigue sin tener sustituto conocido.
              Si usted es de los que tienen que imprimir para quedarse con algo de lo que lee, no se sienta como un dinosaurio en medio de tanto nativo digital (solo lo son los que tenían entre 5 y 15 años en 2001, cuando Marc Prensky lanzó el concepto), sencillamente, le está dando a su cerebro lo que él le pide, información espacial física a la que agarrarse para recordar. Contexto, se llama. Así funcionamos desde que el mundo es mundo y así era hasta que llegó Internet.
              El neurocientífico Marc Changizi explica en su blog por qué nos orientamos mejor hojeando las páginas de un libro que viajando por la barra de un e-book: «En la naturaleza, la información viene con direcciones físicas y señales temporales que nos permiten navegar por ella. Hasta la popularización de Internet, los mecanismos para almacenar información eran espaciales y nos permitían usar nuestras innatas habilidades de orientación. Nuestras bibliotecas y nuestros libros, los reales, no sus variantes electrónicas, eran sumamente navegables».
              Para recordar algo que hemos leído en una pantalla tenemos que repasarlo varias veces. Eso muestran los estudios que comparan lo que aprendemos de un texto leído en una pantalla frente al mismo texto visto sobre papel. Kate Garland, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, ha estudiado el asunto para concluir que «necesitamos más repeticiones para retener algo de lo que leemos en una pantalla». Su estudio comparó cómo entendían y recordaban los contenidos los lectores de un e-book frente a los de un libro de papel, y los resultados mostraron que los que habían recibido la información a través de un soporte digital pasaban más tiempo intentando recordar hechos y nombres de personajes, mientras que los que leían sobre papel conseguían una comprensión más completa y eran capaces de recordar mucho más de lo que habían leído.
              Los investigadores creen que la desventaja de la pantalla es precisamente esa, ser una pantalla. Es decir, un espacio en blanco con pocos puntos de referencia a los que agarrarnos. En un libro de papel podemos recordar si lo que hemos leído estaba en la página par o impar, a la derecha o a la izquierda, si estaba arriba o abajo, al inicio o al final del libro, tenemos incluso el número de la página, algo que no existe en muchos e-books.


Adaptación del texto de Karelia VÁZQUEZ.

El País semanal (20 mayo 2012)


Interesant, eh? Però es refereix a l'hora de memoritzar ! Així que no deixeu de visitar-nos ! ;)

Gurggy