Benvinguts al nostre espai. O millor dit, al vostre espai, perquè aquest és un espai per vosaltres, per tots els amants de la literatura.

Què us trobareu aquí? Què és, amb tot el que la xarxa ofereix a tots els nivells per tothom, el que nosaltres podem aportar de nou a dins un món tan vast com aquest, el món literari? Doncs una cosa molt senzilla: Que tots nosaltres, els autors d’aquesta web, som de casa. Parlarem de moltes coses; dels best-sellers que us agraden, dels gèneres que més us interessen, de les novetats literàries, dels grans clàssics... Posarem al vostre abast totes les nostres aportacions: articles de diferents temes, contes, novel·les i narracions, còmics i il·lustracions, perquè conegueu la nostra obra i, fins i tot, ens feu arribar la vostra perquè puguem compartir-la i conèixer-la.

Com farem tot això? Doncs mitjançant els vostres comentaris. Així podrem saber quins temes us interessen més, per orientar les nostres publicacions setmanals als vostres gustos, per parlar dels temes que realment us resultin interessants. I amb les vostres critiques als nostres escrits ens ajudareu a créixer com escriptors.

El nostre desig és, per sobre de tot, fomentar el vostre interès per la literatura, ja que només la lectura ens transporta de manera duradora a altres espais, a altres universos; la lectura, com cap altra cosa, ens ensenya l’empatia i ens culturitza, ens fa enamorar-nos, plorar, riure i viure a dins del cap d’altres persones com res més ho aconsegueix.

Per tot això, us convidem a tots vosaltres a prendre amb nosaltres un cafè a la plaça.

Us esperem.

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lunes, 15 de diciembre de 2014

Cuentos en diez minutos - lágrimas

La lluvia caía pesadamente sobre su blanquecino rostro. Ella permanecía inmobil mirando al cielo gris, y pensando. Pensando. Profundamente. Como había podido perderlo? Lo más valioso que tenía en su vida se había esfumado tan repentinamente como había entrado en ella. Había sido todo tan rápido...

Las gotas de lluvia se mezclaban con sus lágrimas, que resbalaban suavemente por ese rostro suyo, tan pálido. El semblante que hace tan poco estaba tan vivo, tan radiante, ahora lucía cadavérico, sin vida alguna. Sus ojos eran como un espejo roto que no reflejaba nada. Eran opacos, vacíos, una vez tan vivos, ahora tan muertos. Solamente adornados por aquellas tímidas lágrimas que avivaban un poco la morticidad de su expresión.


Lágrimas pequeñas, cristalinas, eran como polvo de diamante fluyendo de sus orbes de hielo. Nada más caer por su rostro se mezclaban con la lluvia, fluían con ella en una decadente sintonía y se perdían, se perdían como su alma. Y dejaban de tener importancia. Y pasaban desapercibidas. Porque al fin y al cabo nada importaba ya. Ni ella, ni su vida, ni su ser... ni sus lágrimas. 

Judit Perich

domingo, 14 de diciembre de 2014

Cuentos en diez minutos - tragedia

Hoy realicé una actividad en la plaza de mi pueblo: escribí cuentos instantáneos a quien me lo pedía, cuentos de alta velocidad, hechos en un intervalo de 10 minutos aproximadamente. Aunque me ha salido bastante bien y la gente está contenta con los cuentos que les he hecho, de entrada el reto parecía difícil, pues yo no estoy acostumbrada a escribir en tan poco tiempo. Es por eso que practiqué unos días antes en mi casa, pidiendo a mis cercanos que me dijeran temas y yo trataba de elaborar un cuento acerca de ese tema en 10 minutos.  Aunque algunos de los que hice dejan mucho que desear, otros considero que me han quedado bastante bien, y es por eso que he decidido publicar un par de esbozos de esos cuentos en el blog. No puedo pedir que sean del agrado de todos, pero si que me gustaría que lo fueran de la mayoría.


El agua del mar fluía tranquilamente. El horizonte reflejaba la anaranjada luz del atardecer. Desde las rocas contemplaba el mar en calma una joven de tristes ojos. Iba descalza, para no resbalar, no podía permitir morir igual que él.
Si, allí era donde había muerto el hermano de aquella muchacha. Él había sido un joven apuesto y muy galán, caballeroso y educado. Quizá demasiado. Y aquella había sido su perdición. Todo por salvarla a ella.
A ellos siempre les había gustado pasear por aquella zona, y no era para menos, los atardeceres allí eran preciosos. Desde niños lo llevaban haciendo, contemplar el mar entre la luz naranja del cielo en aquel momento del día.
Hasta que un día, ella, descuidada, se puso a correr por las rocas emocionada. Aún era muy pequeña. Sin embargo lo que ocurrió a continuación la hizo crecer de golpe.
Un resbalón cambió por completo su vida. Ella resbaló, las rocas estaban húmedas y se deslizó repentinamente. Pero su hermano fué rápido, y la agarró antes de que pudiera hacerse daño...cayendo él. Perdió el equilibrio, y cayó por salvarla a ella de ese mismo destino. Y ella lo vió todo. Vió morir a la persona que más quería del mundo ante sus propios ojos.

Ahora ya habían pasado veinte años desde aquello, sin embargo por mucho tiempo que pasara ella jamás lo olvidaría. Por eso estaba allí hoy, como cada tarde, mirando el mar, recordando.

Arrojó un ramo de flores al agua, que empezó a danzar suavemente con las pequeñas olas. Las lágrimas que caían de los ojos de ella se mezclaban con aquella misma agua. El momento y el lugar en el que había muerto su persona querida. El atardecer en el mar que una vez fué de ensueño y ahora era una dulce pesadilla sin fin.

Judit Perich

jueves, 24 de abril de 2014

Confesiones de una oveja descarriada

     Podría decir que hasta mis seis años llevé una vida normal, tranquila y feliz. Pero todo cambió un verano. Mi vida dio un giro radical y enseguida supe que nada volvería a ser igual. Me llamo Flopp, y soy una oveja merina. Nací en una confortable granja de ovejas en Dinamarca y, como dije, llevé una vida feliz y apacible allí hasta los seis años. Cuando salía el Sol, me levantaba junto a mis compañeras y nos quedábamos todas en el prado mascando hierba hasta que anochecía; entonces volvíamos a entrar en el establo y nos dormíamos hasta la mañana siguiente. Era una buena vida, muy tranquila y sin preocupaciones. Pero todo esto cambió un caluroso verano. 
     El granjero, que nos cuidaba mucho a todas, nos llevó a la máquina de esquilado, que estaba fuera de la granja, para así cortarnos la lana tan tupida que nos daba tanto calor. A nosotras esto nos fascinaba; nos quitaba toda la lana y nos dejaba como nuevas. Para nosotras, ir a la máquina de esquilado era como para los humanos ir al teatro. Yo tenía muchas ganas de llegar, pero tan feliz iba que sin percatarme me separé del grupo, y cuando quise darme cuenta ya no vi ni al granjero ni a mis amigas. Busqué por todas partes, las llamé a balidos y troté por toda la zona con desesperación, tratando de divisarlas o, al menos, de localizarme. No podía estar demasiado lejos de la granja, pero miré por todos sitios y no vi nada ni a nadie.
     Estaba completamente perdida. 
Pasé todo el día buscando y no hallé nada. Enseguida me deprimí. Se me hizo un nudo en el estómago. Lloraba pensando que me había perdido, que estaba muy lejos de mi granja y que nunca los volvería a ver. Me tumbé en el césped y me puse a contemplar la puesta de Sol. Recordé que a esa hora entraba al establo con todas las demás y nos echábamos a dormir. Me deprimí todavía más al recordarlo. Seguro que ellas ya habían pasado todas por la máquina y ahora eran ovejas nuevas. Dormirían bien a gusto y felices, y en cambio yo estaba aquí, en medio de la nada, con todo este abrigo tan caluroso y molesto cubriéndome y dándome calor en aquella tibia noche de verano. No podía parar de recordar cómo había sido tan tonta como para descarriarme sin darme cuenta, perderme de ese modo tan miserable y estar ahora en esta situación, pudiendo estar con todas las demás, recién esquilada y lista para dormir en el fresco establo, en compañía de mis amigas. Antes de dormirme, lloré de nuevo.

     A la mañana siguiente, decidí ponerme en marcha. Me puse a caminar, esperando encontrar mi granja. Esperé que, durante la noche, el granjero hubiese venido a por mí, pero por la mañana me di cuenta de lo ingenua que había sido. Él no vendría porque yo no le importaba nada. Así que me puse a andar esperando encontrar la granja.
     Después de caminar durante horas vislumbré a lo lejos una granja. En un segundo me sentí radiante de felicidad, la oveja más afortunada del mundo, pero mi felicidad se desvaneció por completo cuando descubrí que aquella granja no era la mía; ni siquiera se le parecía en lo más mínimo. De todos modos, y pese a la decepción inicial, decidí acercarme por si podían indicarme el camino de vuelta. Al llegar ahí, sin embargo, me sorprendió el hecho de que todas las ovejas hacían una fila india frente a un edificio viejo. Pensé que sería una costumbre de esa granja. Sin embargo, al preguntarle a la última oveja de aquella peculiar hilera, me desmintió mi ingenuidad: 
     -Todas las granjas del mundo son así; cuando llegan estas fechas el granjero nos lleva a todas al matadero y allí nos descuartizan. No se salva ni una.
¿¿¡¡Que!!?? ¡Esto yo no lo sabía! ¿O sea que si regresaba a la granja mi destino sería acabar mutilada? ¡Ni hablar! ¡Como me llamo Flopp que esto nunca iba a ocurrirme! ¡No a mí! 
Enseguida comprendí que el hecho de extraviarme más que una desgracia había sido una bendición. ¡Jamás iba a regresar al lado de ese granjero asesino! Así que eché a correr hacia el horizonte. Por primera vez me sentí libre como el viento, y así me dirigí hacia las profundidades del valle, hacia el fin del mundo, todo recto hacia el amanecer, para no volver jamás y vivir mi propia vida en el corazón de la libertad.

Judit Perich

miércoles, 23 de abril de 2014

Muñeca rota


No llores, no ames,
te está prohibido, lo sabes.
Olvida tu vida, olvida tus sueños,
olvida que un día tuviste deseos.
Borra el llanto, borra el dolor,
borra la alegría, borra el amor.
No puedes reír, no puedes llorar,
no puedes ser ni el bien ni el mal.
Pequeña muñeca de vida mortal,
vive así hasta que llegue tu fin.
Finge pasión, finge ilusión,
finge alegría con gran devoción.
Engaña a todos, engáñate a ti,
hazte creer que eres feliz.

Sandy Osorio

martes, 22 de abril de 2014

Primer transeunte

Cada día me levanto a las 6 de la mañana. No necesito despertador, hace tiempo que mi reloj interno captó el mensaje. Lo único bueno de esa hora es que aun no ha salido el sol y parece que el mundo está a un lento, lleva poco tiempo en movimiento.

El autobús siempre está lleno de los mismos desgraciados, desgraciados como yo, que vamos a trabajar nieve o haga un buen día, estemos bien o muertos de fiebre. Nadie nos preguntó nunca si queríamos esto, pero aquí estamos. Sumidos en un silencio que habla sin parar; que nos recuerda quienes somos. Nadie.
Hoy es un buen día. Llueve y eso me gusta. Todo el mundo va más deprisa de lo normal; como si la muerte los persiguiera cuando sólo les cae agua. Me encanta fumar bajo la lluvia, en estos días es de los pocos momentos en que puedo reconfortarme sin necesitar a nadie más que yo mismo. Eso suele pasar poco pues soy muy “pesimista”; desde mi punto de vista soy realista, conozco mi situación y la de los que me rodean, aunque ellos no piensan lo mismo. Creen que soy un pesimista. Tienen miedo de aceptar que no son nadie.

Trabajo en una fábrica. No os aburriré contándoos en lo que consiste mi trabajo por lo que pasaremos a otro momento del día. Pasaremos al mismo momento en el que estoy pensando todo esto, pasamos al presente.

Acabo de salir de trabajar, ando por la calle liándome un cigarro. Por suerte sigue lloviendo. Eso me reconforta. Me enciendo el cigarro mientras siento cómo cae encima de mí la lluvia. Disfruto de esa primera calada. Puedo ver cómo las demás personas andan correteando de un lado a otro.

Empiezo a andar cuando de lejos escucho un leve sonido. El sonido de una muchedumbre haciendo ruido; parece que están montando follón. Sera alguna manifestación. No sé mucho de ello pues no puedo permitirme hacer huelga, aunque como acabo de salir del trabajo me acercaré a ver qué tal.

Mientras llego puedo contar hasta siete furgones de la policía. Una vez allí empiezo a a escuchar el griterío, a empaparme de las protestas. Veo gente de todas las edades. Cuando empiezo a cogerle el gusto a estar rodeado de tantas personas disconformes con su situación escucho un grito, un grito de puro terror.

La gente empieza a correr, yo me quedo allí quieto, viendo como todo vuelve a ser como cualquier día de lluvia, todo el mundo de un lado para otro a toda prisa, cuando de pronto siento un gran golpe en mi cabeza. 
Todo da vueltas, todo se vuelve negro; dejo de ser nadie para pasar a ser nada.

domingo, 20 de abril de 2014

Negro

La lluvia caía pesadamente sobre ella, empapando sus larguísimos cabellos azabache, resbalando por su pálida cara, mezclándose con sus lágrimas y cayendo por su vestido, negro como aquella noche; se pegaba a su cuerpo marcándole la silueta hasta sus tobillos. El negruzco maquillaje que adornaba sus párpados resbalaba con la lluvia por sus mejillas, embadurnándolas como lágrimas oscuras. De pie en mitad de la nada, con la cabeza agachada para tratar de ocultar su llanto de nadie, cantó con la voz rota, pero con sentimiento de culpa, de tristeza. Su canción reflejaba sus sentimientos, sus emociones. Si la persona amada la había abandonado había sido sólo por su culpa, por su temeridad, por su imprudencia. En un instante todo había acabado y ahora estaba sola, y lo estaría para siempre, pues ese era su destino; permanecer sola y apartada del mundo en aquel páramo perdido, en medio de la oscuridad, de ningún sitio. Y el negro de sus cabellos, de su vestido, de sus lágrimas, de su semblante, de su soledad, de su tristeza, sería su único acompañante; el negro, por siempre, para siempre, suyo y nada más.



Judit Perich