Benvinguts al nostre espai. O millor dit, al vostre espai, perquè aquest és un espai per vosaltres, per tots els amants de la literatura.

Què us trobareu aquí? Què és, amb tot el que la xarxa ofereix a tots els nivells per tothom, el que nosaltres podem aportar de nou a dins un món tan vast com aquest, el món literari? Doncs una cosa molt senzilla: Que tots nosaltres, els autors d’aquesta web, som de casa. Parlarem de moltes coses; dels best-sellers que us agraden, dels gèneres que més us interessen, de les novetats literàries, dels grans clàssics... Posarem al vostre abast totes les nostres aportacions: articles de diferents temes, contes, novel·les i narracions, còmics i il·lustracions, perquè conegueu la nostra obra i, fins i tot, ens feu arribar la vostra perquè puguem compartir-la i conèixer-la.

Com farem tot això? Doncs mitjançant els vostres comentaris. Així podrem saber quins temes us interessen més, per orientar les nostres publicacions setmanals als vostres gustos, per parlar dels temes que realment us resultin interessants. I amb les vostres critiques als nostres escrits ens ajudareu a créixer com escriptors.

El nostre desig és, per sobre de tot, fomentar el vostre interès per la literatura, ja que només la lectura ens transporta de manera duradora a altres espais, a altres universos; la lectura, com cap altra cosa, ens ensenya l’empatia i ens culturitza, ens fa enamorar-nos, plorar, riure i viure a dins del cap d’altres persones com res més ho aconsegueix.

Per tot això, us convidem a tots vosaltres a prendre amb nosaltres un cafè a la plaça.

Us esperem.

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domingo, 14 de diciembre de 2014

Cuentos en diez minutos - tragedia

Hoy realicé una actividad en la plaza de mi pueblo: escribí cuentos instantáneos a quien me lo pedía, cuentos de alta velocidad, hechos en un intervalo de 10 minutos aproximadamente. Aunque me ha salido bastante bien y la gente está contenta con los cuentos que les he hecho, de entrada el reto parecía difícil, pues yo no estoy acostumbrada a escribir en tan poco tiempo. Es por eso que practiqué unos días antes en mi casa, pidiendo a mis cercanos que me dijeran temas y yo trataba de elaborar un cuento acerca de ese tema en 10 minutos.  Aunque algunos de los que hice dejan mucho que desear, otros considero que me han quedado bastante bien, y es por eso que he decidido publicar un par de esbozos de esos cuentos en el blog. No puedo pedir que sean del agrado de todos, pero si que me gustaría que lo fueran de la mayoría.


El agua del mar fluía tranquilamente. El horizonte reflejaba la anaranjada luz del atardecer. Desde las rocas contemplaba el mar en calma una joven de tristes ojos. Iba descalza, para no resbalar, no podía permitir morir igual que él.
Si, allí era donde había muerto el hermano de aquella muchacha. Él había sido un joven apuesto y muy galán, caballeroso y educado. Quizá demasiado. Y aquella había sido su perdición. Todo por salvarla a ella.
A ellos siempre les había gustado pasear por aquella zona, y no era para menos, los atardeceres allí eran preciosos. Desde niños lo llevaban haciendo, contemplar el mar entre la luz naranja del cielo en aquel momento del día.
Hasta que un día, ella, descuidada, se puso a correr por las rocas emocionada. Aún era muy pequeña. Sin embargo lo que ocurrió a continuación la hizo crecer de golpe.
Un resbalón cambió por completo su vida. Ella resbaló, las rocas estaban húmedas y se deslizó repentinamente. Pero su hermano fué rápido, y la agarró antes de que pudiera hacerse daño...cayendo él. Perdió el equilibrio, y cayó por salvarla a ella de ese mismo destino. Y ella lo vió todo. Vió morir a la persona que más quería del mundo ante sus propios ojos.

Ahora ya habían pasado veinte años desde aquello, sin embargo por mucho tiempo que pasara ella jamás lo olvidaría. Por eso estaba allí hoy, como cada tarde, mirando el mar, recordando.

Arrojó un ramo de flores al agua, que empezó a danzar suavemente con las pequeñas olas. Las lágrimas que caían de los ojos de ella se mezclaban con aquella misma agua. El momento y el lugar en el que había muerto su persona querida. El atardecer en el mar que una vez fué de ensueño y ahora era una dulce pesadilla sin fin.

Judit Perich

domingo, 20 de julio de 2014

El cementerio



Caminaba por el lúgubre cementerio, oscuro, umbrío, sólo alumbrado por la ténue luz de la luna llena, que resplandecía dominando el nublado cielo del crepúsculo cual lucero de plata. Las lápidas en forma de crucifijo cubrían el suelo, perlado por la neblina medio disipada que lo envolvía levemente y, a lo lejos, el ángel de piedra que, con su esbelta figura asexuada y sus enormes y hermosas alas de plumas, dominaba elegantemente la zona, muerta y gélida.
Andube hasta el extremo norte, bajo un álamo con la corteza seca, y miré el cielo. Serena y lastimera mirada surgía de mis soñadores ojos ámbar. Sin saber porqué una brillante lágrima se asomó tímidamente, sin motivo. Todo aquello era tan bello, y a la vez tan triste... y me fui por dónde vine, con un lento paso en aquel suelo de tierra húmeda, caminando sobre las lombrices que seguro que estarían debajo de mis pies, devorando vorazmente la carne descompuesta de toda aquella gente. Todos havían llevado vidas muy distintas; algunos buenos, otros malos, algunos ricos, otros pobres. Pero, al final, todos sufrimos el mismo destino: acabar enterrados en aquel lugar sombrío, olvidados, sirviendo de alimento a aquellos rastreros animales, y con fuegos fatuos surgiendo del interior de nuestros huesos.

Y es que la muerte no hace distinciones.  




Extraído de mi blog: La cueva del nigromante




Judit Perich

domingo, 1 de junio de 2014

Llantos de alma

                       


Cayendo en el olvido, en el vacío
aire, viento, aullidos de la nada,
se oía, aterrador aquel sonido
de angustia, de alma, de frialdad velada.

"Dime, te escucho", atendía el oído,
Voces que sonaban en la penumbra helada;
eco infantil de llanto dormido,
viento mortal que su canción cantaba.

Olor de rancio musgo sobre mármol,
cruces, ángel de piedra, letras grabadas
marcaban el lugar de su reposo,
y la tierra( la madre) lo acunaba.

Al abrigo del sagrado árbol,
lanza perfecta de formas elevadas,
a su sombra, durmiendo perezoso;
hacia Dios con la noche se elevaba.


Extraído de mi blog: La cueva del nigromante




Judit Perich

sábado, 10 de mayo de 2014

La rosa blanca que quería ser roja



El bosque era sombrío como todos los bosques de cuento y, como en todos, se perdían niñas. En el corazón del bosque había un rosal, y en el corazón de aquel rosal había una rosa blanca como la nieve. La blancura nívea de aquella rosa la hacía destacar en aquel lugar lúgubre y oscuro. Era una dama de nieve en un palacio oscuro. Aquello a ella no le gustaba, en absoluto. Ella quería tener un color más noble, más sensual, que le quitara ese aire de inocencia y pureza que no encajaba nada con la flor prohibida.Rojo. Ése era el color que debía tener. Y ése era el color que conseguiría a cualquier coste.

       De manera que, cuando las madrugadas la llenaban de frescas gotas de rocío que hacían salir de sus pétalos, a los primeros rayos del sol, decenas de abanicos de colores iridiscentes, ella aprendió a guardarse unas cuantas en su corola. De ese modo, pensaba, podría utilizarlas cuando más le conviniese, podría hipnotizar a alguna niña incauta que, cautiva por el espectáculo que ofrecía, se acercase demasiado a ver, a tocar, a oler...y entonces ella actuaría. Hincharía sus espinas de manera exagerada. Las niñas no son cuidadosas, por lo que seguro se pincharían con ellas. La sangre brotaría de sus inocentes dedos, manchando sus pétalos y tiñéndolos así del tan ansiado color.

       Y apareció la primera víctima. Una chiquilla trenzuda de dorados cabellos y vestido turquesa. Se acercó a la flor y se emocionó al verla tan bella y resplandeciente. Pronto la tocaría, así que la rosa se apresuró a hinchar sus espinas, que se convirtieron en mortíferas púas. Pero cuál fue su sorpresa al ver que la niña sacó unas tijeras de plata y le cortó el tallo de golpe. A la pequeña le agradó tanto aquella linda rosa que la tomó para poder regalársela a su madre. Lo último que vio la rosa fue la carita sonriente de aquella criatura que, en un instante, le había arrebatado la vida. Segundos después se llevó su cuerpo inerte, y lo único que quedó allí fue una gota de savia que, tímidamente, resbalaba por el lugar en el que antes había estado tan bella pero maldita criatura, cuyo único deseo era tornarse en lo que no era. 



Extraído de mi blog: La cueva del nigromante


Judit Perich

lunes, 5 de mayo de 2014

La niña y la luna

Fueron mis góticas inclinaciones las que me impulsaron a ir aquella noche al cementerio.
Era un de uno de Noviembre por la noche, y había luna llena. Un precioso y plateado plenilunio. El cielo estaba negro como el azabache, como a mí me gustaba, y reinaba un profundo silencio.
Cuando salté la valla, me invadió una agradable sensación de bienestar y paz espiritual. Avancé. De noche, el cementerio era precioso. Yo sólo lo había visitado de día, cuando era pálido y aburrido. Por eso, verlo tan tétrico y umbrío me hizo sentir bien. 
Paseé la vista por encima de las lápidas: inscripciones borradas por el tiempo, ángeles de piedra de mirada vacía, cruces clavadas en el suelo... y entonces la vi.

Era una chiquilla menuda, con las piernas largas y flacas, aguantándose de puntillas con sus pies descalzos encima de una cruz de mármol. Al principio sólo era una sombra negra y pequeña, pero a medida que me fui acercando, pude distinguirla mejor; pálida, vestida con un antiguo andrajo blanco, con el cabello largo y plateado fluyendo en el viento, miraba la luminiscente cara de la luna llena.
Me acerqué a ella, traté de hablarle, pero no me salían las palabras. Iba tartamudeando, cuando se giró y, con su mirada azulada, me dijo: "la luna está preciosa esta noche". Ante aquella voz soñadora, yo miré el cielo. Realmente la luna era linda como una perla. La miré durante unos instantes. Cuando volví a bajar la vista miré hacia la cruz. Sonreí. Ella había desaparecido.

Extraído de mi blog: Curruca.com


Judit Perich